Babel es más que una torre. Es la manifestación visible de un espíritu que opera, en forma sutil, en el corazón de cada uno de nosotros. Abraham nos comparte algunas pistas acerca del camino que debemos recorrer para no quedar atrapados en Babel.
Debemos trabajar sin descanso para que cada uno tenga la misma pasión y vocación de servicio que Cristo formó en los primeros discípulos. Cuando la Iglesia completa se ponga en pie, ¡se habrá despertado un verdadero gigante!
Periódicamente necesitamos que se nos vuelva a recordar cuál es la esencia de nuestro llamado. Aunque no podemos olvidar que el pueblo está compuesto de individuos, es necesario protegerse de los peligros que entraña un culto personal y solitario a Dios. Hoy resulta vital identificarse con la Iglesia.
En medio de las desiluciones recordemos que tenemos de nuestro lado al mejor Consolador (el Espíritu Santo) Aprendamos juntos cómo mantener las esperanzas vivas a pesar de lo que ocurra a nuestro alrededor.
Hay un tiempo indicado para el trabajo y el esfuerzo. Quién se dedica al descanso, la instrucción y la reflexión, cuando es tiempo de trabajo, hace lo incorrecto. De la misma manera, quién se dedica al trabajo cuando es tiempo para el descanso, la instrucción y la reflexión., también hace lo incorrecto.
La presencia de la iglesia en la sociedad debe ser un factor que preserve al hombre de la podredumbre natural que produce el pecado. Donde están los hijos de Dios, se debe ver la acción redentora del Señor.




