La temperatura general de nuestra querida Latinoamérica ha subido nuevamente unas cuantas líneas en el termómetro, y no me refiero precisamente a los guarismos meteorológicos.
Una de las tareas más difíciles para la mujer líder de hoy es aceptar que ella es agente de cambio no solo en su casa, sino también en la iglesia y en la comunidad. Una de las áreas más difíciles para operar cambios sustanciales es la familia, porque la misma mujer es quien debe cambiar su propio concepto tradicional (no bíblico por cierto) de funcionalidad en el hogar.
Si perdemos nuestro hogar, bíblicamente quedamos descalificados para ejercer el ministerio. Muchos sienten culpabilidad por dedicar tiempo para gozar a la familia, pero el no hacerlo trae tristes consecuencias. El autor nos reta a que cada uno de los que estamos en el ministerio nos deleitemos en el seno de nuestras familias y aprendamos a disfrutar el tiempo que compartimos con ella.
Se necesita el diseño de programas pastorales para que los desplazados tengan la oportunidad de expresar su ira y dolor a fin de que no utilicen mecanismos de defensa equivocados. Expresarse con orientación bíblica les permitirá completar el ciclo de duelo.
La primera condición esencial para la adoración sincera es la sumisión total. La segunda es que sólo Cristo sea glorificado. Debemos cumplir con estas dos condiciones sometiéndonos completamente, sin reserva, a Jesucristo como Señor.
El problema de las expresiones doxológicas en la música evangélica contemporánea es que pasan por alto el proceso histórico por medio del cual Jesús llegó a su glorificación; es decir, se canta de la cruz y la resurrección como hechos aislados de la realidad histórica.




