La condición mundial actual atenta continuamente contra la primera institución creada por Dios en el huerto del Edén. Efectivamente la familia, órgano fundamental de la sociedad, es una especie que se encuentra en peligro de extinción cada día más debido a que nos enfrentamos a condiciones pecaminosas que anteriormente no existían. ¿A quién le corresponde la labor de detener el desenfreno que atenta contra la seguridad familiar?
Para estudiar la posmodernidad ante todo debemos entender que la Nueva Era es la respuesta religiosa a la caída del modernismo como movimiento filosófico. Con esto en mente, consideraremos sucintamente el desarrollo y posterior deterioro del modernismo en sus aspectos filosóficos y religiosos, para luego analizar de qué manera la Nueva Era se instala en nuestra sociedad presente.
Últimamente se ha desarrollado entre varios misiólogos un nuevo modo de entender el poder satánico y las creencias indígenas, que afecta hasta la interpretación de las Escrituras. Si esto representara un retorno al sobrenaturalismo de la Biblia, lo recibiríamos con gozo; pero estamos ante otra cosa. Nos parece, entonces, que en su legítimo deseo de evitar la piedra del racionalismo, dichos misiólogos han caído en el hoyo del animismo. La teoría de la magia se afianza sobre todo en dos principios.
Cuando la iglesia bebe el descrédito sobrevenido por su pecado interno, no por la mala interpretación de sus acciones, es porque ella misma no se ha limpiado debidamente. Consentir el pecado se suele comprobarse con «la factura» que viene después en derrotas y vergüenza.
En esta segunda parte se presenta las causas de los vientos doctrinales tanto positivos como negativos, lo efectos en la historia y las implicaciones para la iglesia de hoy.
Tradicionalmente la iglesia ha afirmado que su lucha es contra el mundo, la carne y el diablo. A finales del siglo XIX, como resultado de la influencia del modernismo teológico, se comenzó a dar menos importancia al diablo hasta el extremo de negar su existencia. A finales del siglo XX se produjo una reacción hacia el otro extremo y se atribuye casi todo el mal al diablo. Nuevamente la guerra espiritual se redujo, esta vez a una lucha contra el diablo y sus demonios.




