Uno de los problemas que mayor ansiedad provoca en la esfera de la fe, es lo que podríamos llamar «el problema de la historia», o cómo interpretar los hechos históricos. Muchos cristianos se preocupan porque temen que los hechos actuales no concuerdan con lo que la Biblia dice y, por esa razón, su fe ha empezado a flaquear...
A veces, ciertos acontecimientos históricos y actuales hacen que nos preguntemos: ¿dónde está Dios? Queremos creer pero lo que ocurre a nuestro alrededor mengua nuestra fe. El autor analiza la primera parte del capítulo uno de Habacuc para ayudarnos a entender el proceder de Dios con respecto a los sucesos...
Frente a los problemas mundiales muchos pretenden explicar cómo hemos llegado a dónde estamos. Curiosamente no todos coinciden. Para ofrecer una respuesta pertinente a cualquier situación es sumamente importante tener una perspectiva acertada de nuestro entorno.
La mayoría de los problemas y perplejidades de la vida cristiana se originan por la falta de un adecuado método de enfoque. Este artículo explica qué es un método de enfoque y describe cada una de las etapas que lo conforman, las cuales son muy fáciles de poner en práctica en nuestra vida personal y comunal.
Como seres humanos que somos, en ocasiones nos preocupamos en exceso con los acontecimientos mundiales. Sin embargo, las Escrituras nos revelan que esta preocupación no es exclusiva de los tiempos actuales, sino que es tan antigua como la humanidad. El presente artículo nos exhorta a interpretar los eventos contemporáneos a la luz del reino de Dios y a confiar en su promesa de que regresará para instaurar su reino terrenal.
Habacuc vivió hace miles de años; sin embargo, sus angustias y temores no son diferentes a los que puede experimentar un creyente actual. Este artículo analiza la actitud que el profeta Habacuc asumió en una oración que elevó al Señor. Esta oración encierra enseñanzas muy valiosas que pueden ayudarnos a examinar nuestras dificultades desde una perspectiva espiritual para así actuar como verdaderos hijos de Dios. Habacuc 3.12




