¿Es legítimo que nos sintamos solos o desamparados en medio de las crisis? ¿O que expresemos nuestras luchas internas por el proceder de Dios? Nos sorprenderá descubrir que a nuestro Dios no le alarma que tengamos esos sentimientos...
Es probable que el futuro produzca cada vez más cantidad de libros, oradores, dietas, reglas para el crecimiento espiritual, tratamientos no probados médicamente para curar el cáncer y otras enfermedades serias, así como numerosas modas casi religiosas. Por lo tanto, en vez de permanecer inmóviles, frustrados y confundidos, deberemos tomarnos el tiempo para evaluar los nuevos movimientos. De esta forma podremos aprovechar lo que es útil y minimizar las ideas que sean nocivas.
Cuando ya se ha recorrido camino largo en la vida cristiana, a la mayoría de los creyentes les sucede que pierden su fascinación por la Palabra, se olvidan del poder de Dios que puede fluir a través de ellos y el sentimiento de dedicarse íntegramente a Dios. El autor de este artículo fue consciente de lo que había dejado de gozar cuando llegó a su vida y a la de su iglesia un hombe que le comunigó de nuevo este gozo. Una experiencia reveladora y transformadora que puede desafiar su vida también.
Para la mayoría de cristianos la relación entre lo que entiende de la oración y su experiencia de ella tiene una marcada disonancia. El autor del artículo nos comparte sus reflexiones sobre esta disciplina en conceptos básicos. Él afirma que de haberlos incorporado hace mucho tiempo, su vida hubiera sido menos estresante y más productiva.
Es necesario dar también atención a la búsqueda de formas y principios bíblicos que ayuden a nuestros líderes a tener éxito en sus esfuerzos por resolver conflictos y lograr acuerdos que avancen y engrandezcan el reino de Dios en la tierra. El diálogo sano y bíblico es una de dichas formas. El presente estudio será básicamente el repaso de algunos pasajes del Nuevo Testamento, en los que se encuentran la necesidad de un diálogo permanente en la iglesia.
Sabemos que la mayoría de las personas tienden a ver el enojo solo como un problema, algo negativo. De todas las distintas emociones, ¿por qué es que el enojo tiene tan mala reputación?, ¿es posible que la energía de este «enemigo» pueda cambiar de dirección en una forma constructiva?




