Tal como dice Efesios 4:6, el Señor está «sobre todos y por medio de todos y en todos.» Frente a una declaración tan amplia, no queda duda de que todos sus seguidores, sean hombres o mujeres tienen la responsabilidad de permitir la acción de Dios en el mundo a través de sus propias vidas.
Frente a la vergonzosa realidad, en la que miles de personas a lo largo de nuestro continente están siendo agredidas física o emocionamente en el mismo seno de su hogar, un modesto reto para vestirse de valor, para pronunciarse en contra, para buscar alternativas eficaces para las víctimas; valor, que puede ser una semilla de transformación.
En el contexto de equilibrio e igualdad de responsabilidades y tareas frente al Señor es que se debe situar el desafío para la vida matrimonial cristiana de hoy. La siguiente es una breve reflexión sobre el tema de igualdad, compromiso y equidad en el matrimonio cristiano.
¿Sabía usted que los nuevos líderes tienen frescos aportes para la obra? A veces creemos que los nuevos líderes jóvenes tienen que actuar como los líderes de hace veinte o treinta años. Experimente, junto con el autor, una noche en el desierto que le enseñó a entender que es hora de hacer las cosas como nunca antes se han hecho.
Los padres más «buenos» no son aquellos que logran en su casa un lugar tan cómodo que sus hijos no desean irse y desarrollar sus propias vidas, sino los que han preparado a sus hijos de tal modo que pueden ser adultos autónomos, con identidad definida como para saber actuar fuera de la familia.
La mayoría de nosotros que estamos en el liderazgo de la iglesia creemos que Dios llama a las parejas juntas al ministerio. Sin embargo, el verdadero llamado de Dios toma en cuenta las necesidades, miedos, y aspiraciones de cada cónyuge. Las siguientes historias nos ayudarán a entender por qué existen esposos llamados y esposas inseguras, y como estos matrimonios pueden llegar a un acuerdo.




