La crítica es vital para la iglesia, tal vez sea uno de los elementos más imprescindibles e importantes. La sana crítica nos muestra la diferencia entre dos elementos. Nos ayuda a ver que no todo lo que brilla es oro, contribuyendo a nuestro crecimiento y corrección ...
Existe un grupo que se autodenomina pescadores. ¡Y hete aquí que hay muchos peces en las aguas, por todos lados! De hecho, toda el área está rodeada de arroyos y lagos; llenos de peces. ¡Y los peces están hambrientos! Semana tras semana, mes tras mes, año tras año, éstos, que se llaman a sí mismos pescadores, se reúnen y hablan su llamado a pescar, acerca de la abundancia de peces y sobre cómo deben atender la pesca. Año tras año defines cuidadosamente lo que significa pescar, defienden la pesca como una ocupación y declaran que la pesca debe ser siempre la tarea primaria del pescador
Al sentarme ante la máquina para escribir este artículo, desfilan por mi cabeza los rostros de muchas esposas de pastores que conocí a lo largo de mi vida. Desde mi infancia, las visitas que más frecuentaban nuestro hogar eran pastores y sus familias, ya que padres también lo eran. Lo mismo sucede en mi hogar de casada; soy esposa del pastor.
Hace un par de semanas me encontraba hojeando un nuevo libro sobre las prácticas de la iglesia local. Entre las buenas cosas que allí leía, encontraba que faltaba alguna referencia seria a su aspecto cósmico, más allá de sus muros. Página tras página esperaba que por fin apareciera algún párrafo que situaría esa comunidad local dentro del Cuerpo de Cristo en general. Pero fue en vano la espera. El autor sólo consideraba lo inmediato; se limitaba a describir lo que veía y tocaba cada domingo.
Texto de referencia: 2 Corintios 3:4-6; 12:9
En medio de toda la actividad médica y social orientada a implantar el programa contra la poliomielitis y habilitar las estructuras básicas requeridas para el tratamiento del niño discapacitado, sentí en mi vida personal una necesidad cada vez más profunda de renovación espiritual.




