Entender la básica desnaturalización de la muerte física, la universalidad de su indistintivo «no» a ella, la identificación de Dios con su respuesta emocional a ella, la supremacía de la vida del alma, y la próxima destrucción de este «último enemigo» no ha causado que las preguntas y la agitación interior del autor se disuelvan en un triunfo doctrinal. El autor nos comparte como ese descubrimiento le ha ayudado a vivir frente a la expectativa de la muerte.
Un pequeño diálogo que lleva a la reflexión sobre la necesidad que los hijos, y toda la familia, tienen de que los padres les dediquen tiempo de calidad.
Aun así, con todo, aprendí lecciones valiosas de la rebeldía de los adolescentes, que me ayudaron a comprenderlos mejor.
Había en mí dos sentimientos contradictorios: por un lado, el deseo sobrecogedor de ser limpiado y por otro, el deseo de aferrarme a los placeres eróticos. Esto debe de ser lo que Pablo quiso decir en algunos pasajes de Romanos 7. ¿Pero dónde estaba Romanos 8 en mi vida?
Como agente de reconciliación la Iglesia está llamada a asumir el rol de la familia que rechaza y margina al familiar afectado por el VIH/SIDA. Si la Iglesia asume una actitud de amor y compasión, la persona afectada adoptará a esta como su familia espiritual. Esta es una gran oportunidad que no se está utilizando quizás en el nivel que Dios quiere que su Iglesia lo haga. El artículo es una invitación para que los profesionales de la salud mental, conjuntamente con los involucrados en consejería pastoral elaboren una propuesta del cuidado integral, eficaz y requerido para esta situación en particular.
Aunque el sueño de tener un hijo seguía siendo el mayor deseo de mi corazón, pude lograr que no fuera una obsesión para mí. Le pedí a Dios que tomara nuevamente el primer lugar en mi vida. Decidí que mi felicidad ya no dependería de un bebé.




