El sexo matrimonial ha sido influenciado de maneras extremas. Por un lado el efecto católico fundamentalista, donde este se ve hasta pecaminoso y con propósitos únicos de proceación. Por el otro, el creciente secularismo ha acompañado la creencia de que no hay una verdadera realización personal sin una práctica sexual sin límites. Por ello en este artículo, el autor enmarca las relaciones sexuales dentro del compromiso matrimonial desde la perspectiva bíblica.
La lascivia es un pecado destructivo que domina y controla la mente y la vida hasta hacer de sus víctimas hombres débiles, lánguidos, enfermizos y abatidos. Al llegar a ese punto el hombre cristiano ha dejado de someterse al señorío de Jesucristo para someterse a un tirano, un déspota, un opresor.
Todos conocemos los estereotipos sobre las mujeres y el sexo: están menos interesadas que sus maridos en el sexo, prefieren los aspectos románticos a los físicos y se encienden por el tacto más que por la vista.
Somos critaturas mezquinas, tentamos con el alcohol, el sexo y la ambición, pero eludimos el gozo infinito que se nos ofrece somos demasiado fáciles de complacer. C.S. Lewis
A medida que se acerca el año 2000, los pregoneros de profecías sobre el fin de los tiempos explotan la curiosidad popular sobre el futuro. En este artículo hallará cómo evitar contagiarse de la "fiebre del milenio".
En algunos círculos evangélicos se espera que el pastor sea un superhombre, sin tentaciones, perfecto, incansable.




