¿Por qué hay líderes que caen?
En los últimos años, la Iglesia del Señor ha crecido mucho y ha tomado diversas y variadas formas de expresión. Eso ha brindado una realidad mucho más extensa, perdiéndose algunas cosas que brindaban cierto marco de protección. La Iglesia -léase sus integrantes- ha sufrido mucho por las sucesivas caídas y decepciones altamente visibles de ciertos líderes cristianos -con la aparición en las crónicas de primera plana de nuestros periódicos. Por un lado, no debemos ser tan ingenuos de creer que recién ahora algunos de los pastores están cayendo, pues siempre los ha habido; ahora parecen más frecuentes y publicitados. Por otro lado, no creo que por ello debamos renegar del crecimiento y desestimarlo, pero sí atender con urgencia ciertos puntos clave en el comportamiento y la realidad ministerial.
Hay dos dimensiones en esto. Una es la dimensión humana y otra la espiritual. Algunos limitan todo el problema a la responsabilidad humana, desconociendo lo tremendo que ocurre «en las regiones celestes». Otros le echan la culpa de todo al Diablo, como si fuéramos títeres involuntarios de una tragicomedia. Debemos ser más precavidos que ese simplismo, y más pertinentes en nuestro enfrentamiento del tema.
Claro está que los pastores, líderes, maestros, discipuladores y encargados de ministerios son vulnerables a las mismas tentaciones que otros cristianos -y algunos sin duda se entregan a ellas-. Esa es la dimensión humana del problema. Pero hay mucho más en lo atinente al fracaso de los líderes que la mera conformidad a la tentación y las fallas o aciertos del hombre. El hecho central es que los ministros son el blanco de Satanás para ser destruidos. Esa es la dimensión espiritual del conflicto. Y esto no es noticia nueva, pero muchas veces se nos olvida cómo instrumentar nuestra parte en este asunto.
El objetivo de Satanás era tan claro para el profeta Zacarías como lo era para Jesucristo: «Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas» (Zc. 13.7; Mr. 14.27). La respuesta de Jesús al zarandeo de los pastores, tal como lo registra Lucas 22.31,32, exhibe el de la mejor respuesta al problema de la vulnerabilidad del clero en el día de hoy: «Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos».
UN PEDIDO FORMAL …Y DIRECTO
Satanás demanda: «os ha pedido», y en oportunidades hasta prevalece. Por razones que están veladas a nosotros, a Satanás -a veces- se le da la luz verde para asestar golpes certeros a los ministros de Dios, de modos extraordinarios. Job es un caso típico de nuestra ignorancia: jamás se le dice el motivo de su prueba. A Simón Pedro tampoco se le dice el porqué de su tribulación, únicamente se lo advierte de que inevitablemente le sobrevendría. Jesús no oró directamente en contra del ataque satánico; El no «ató al diablo». Fue dicho que Satanás iba a atacar a Pedro y a los otros discípulos en los días siguientes. La respuesta de Jesús no fue la de detener el ataque, sino orar específicamente por Pedro.
TODOS SOMOS VULNERABLES
«Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo». La advertencia es expresada a Pedro, pero el concepto es plural: «os ha pedido», y no: «te ha pedido». Jesús advirtió a Simón Pedro que no sólo él sino también sus once compañeros iban a ser azotados.
Todos aquellos que estamos en el bando del Rey nos encontramos «en la mira» del príncipe de las tinieblas. Cada vez que el enemigo logra hacer trastabillar y caer a uno de los soldados del Eterno, logra una pequeña batalla. Por eso todos estamos bajo asedio.
Pero…, ¿por qué fue dirigida específicamente la advertencia a Pedro? Definitivamente porque él ya estaba emergiendo como líder entre los doce. Y esto lleva a la próxima observación.
BOCADO APETECIBLE
Los líderes altamente visibles son los más vulnerables. Son los «trofeos preferidos» por el enemigo.
«Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte». Jesús dijo a Pedro, «Yo he orado por ti». El pronombre aquí está en singular, en contraste con el «todos vosotros» de más arriba. ¿Por qué es que Jesús no oró por todos los discípulos, ya que Satanás habría de asestar golpes a los doce?
Conociendo a nuestro Señor -y más aun teniendo acceso a su oración de Juan 17- estoy convencido de que nuestro Señor oró por todos. El no discrimina a nadie, menos a «su gente». El principio aquí es claro: mientras que todos los líderes espirituales son blancos del ataque satánico, cuanto más influyente el líder, mayor el ataque. Esto significa que la necesidad para la oración intercesora es mayor para aquellos líderes de alta visibilidad. Jesús oró por todos, pero creo que oró distinto por Pedro, así como nosotros en nuestras iglesias oramos de una forma por los maestros de escuela dominical, de otra por los ancianos, de otra por los líderes juveniles, etcétera. El Maestro rogó por todos sus hombres, pero al mayor lo reforzó con palabras personales, para hacerle notar la seriedad del asunto.
Hay en este punto una mezcla de motivos. Está la importante función que Pedro tendría a partir de allí y la realidad de que la mayor fuerza enemiga se enfocaría sobre él. También está el respeto a la autoridad y a la «cadena de mandos», la autoridad delegada. Asimismo, -y esto lo confirmaremos más aun en el próximo punto- está la responsabilidad de Pedro de asumir el liderazgo en medio del ataque del enemigo a todo el grupo: «para que tu fe no falte».
COLUMNA ESTRUCTURAL
La fuerza del grupo yace en la estabilidad de su líder. «Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos». Aquí nuevamente el énfasis de Jesús específicamente estuvo en Pedro. La fortaleza que él recibiría a través de la oración del Señor y de su restauración, a su vez fortalecería a toda la comunidad de creyentes. En Juan 21, Jesús mismo hace «volver» a Pedro para que se ocupe de apacentar a las ovejas.
El bienestar de la iglesia, en alto grado, depende del bienestar de sus líderes más prominentes. Y el bienestar de los líderes depende de la oración ofrecida en su favor. Primeramente por el Señor Jesús mismo «el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros» (Ro. 8.34). En segundo lugar, por los «socios de oración humanos» que siguen el ejemplo del Maestro.
LA ORACIÓN DEL CUERPO POR SUS LÍDERES
Recuerdo que hace unos cuantos años vino a mí uno de los ujieres de la iglesia que pastoreábamos y me dijo: «Pastor. Debemos separar todos los domingos en el culto un tiempo especial para que la congregación ore y niegue por los pastores de nuestra iglesia. Son piezas fundamentales en la vida de la iglesia y debemos orar por ustedes». A partir de allí animamos de varias maneras a los creyentes a que participaran de esta forma sosteniendo a sus líderes en oración constante. No lo instituimos formalmente en el culto, tal como había sido la propuesta, puesto que no queríamos favorecer aun más la preeminencia pastoral en el público -especialmente en una cultura como la latina-, pero sí agradecimos a Dios que la inquietud viniera «del pueblo mismo» y así aprovechamos la oportunidad para enseñarlo al resto y los animamos a llevarlo a cabo. Estoy plenamente convencido de que la oración de mis hermanos por nosotros nos ha sostenido y guardado de muchos ataques. Además, nos ha fortalecido grandemente y nos ha hecho gustar el amor y el «acompañamiento» en el ministerio del Evangelio.
La oración intercesora por los líderes cristianos, entonces, es un recurso ilimitado de poder espiritual. Puede erradicar la marea actual de la imprudencia de líderes, la que lleva a la ruina innecesaria de muchos pastores y a la dispersión del rebaño. Mientras que este tipo de oración no inmuniza a los pastores del ataque -ni aun del fracaso-, ciertamente puede minimizar el número de víctimas entre aquellos que están en la lista de Satanás para ser asestados.
LA DEPENDENCIA Y LA HUMILDAD
Una forma en que los líderes cristianos pueden humillarse a sí mismos -de acuerdo con 1Pedro 5.5, 6- es reconociendo su dependencia de sus seguidores y movilizando «equipos de socios personales de oración» entre ellos. Por su parte, los miembros de la iglesia pueden orar sinceramente en todo lugar para que la fe y la fidelidad de sus líderes puedan prevalecer en medio de todo tipo de pruebas, para que a su vez el rebaño pueda ser fortalecido.
SABIENDO COMO ORAR
En los días aún por venir, nuestros líderes espirituales serán sometidos a pruebas de modos extraordinarios. Nuestra respuesta, como la de Jesús, tendrá que ser la de discernir los ataques de Satanás e intensificar la oración intercesora por nuestros pastores, misioneros, evangelistas, líderes de células hogareñas, etcétera.
PRIMERO:
Podemos cobrar ánimo del hecho que Jesús no sólo pudo prever, sino que pudo advertir de antemano sobre el ataque. En otras palabras, hay un «sistema de advertencia anticipado». Si permanecemos de rodillas, no seremos tomados desprevenidos.
SEGUNDO:
En una «iniciativa de defensa estratégica», Jesús oró que la fe de Pedro prevaleciera en medio del ataque.
TERCERO:
Jesús aseguró a Pedro que su caída no sería su ruina. Habría un retorno. Su ministerio sería restaurado para el beneficio de todos.
¡Dios bendiga su ministerio y le provea de un cuerpo que ore por usted!

