header parallax image
Devocional del día, Devocional diario, Biblia, Predicaciones, Bosquejos, Artículos, Consejeria, Versiculo diario - Desarrollo Cristiano Internacional
  • Inicio
  • Identidad
  • Valores del reino
  • Relaciones
  • Espiritualidad
  • Artes pastorales
  • Héroes de la fe
  • Inicio
  • Identidad
  • Valores del reino
  • Relaciones
  • Espiritualidad
  • Artes pastorales
  • Héroes de la fe
Reflexión

Probemos a los profetas

15 julio, 2005461 visitas

Sentimos una conexión especial cuando descubrimos un ancestro espiritual que se nos parece. Por ejemplo, los que hoy sufren por la fe se inspiran en los primeros mártires. Aquellos que ansían la adoración llena del Espíritu son atraídos por un movimiento entusiasta del segundo siglo llamado montanismo. En este último ejemplo, sin embargo, hay un problema. El montanismo, que superficialmente es parecido a varios movimientos modernos, fue rechazado en general por la Iglesia como una herejía. ¿Por qué?


Comienzos inspiradores


Alrededor del año 157 en la provincia romana de Asia Menor conocida como Frigia un cristiano profesante llamado Montano comenzó a profetizar extáticamente. Alegando la inspiración del Espíritu Santo, pronto se le unieron dos profetas mujeres: Maximila y Priscila (Prisca). Prestaron atención a las enseñanzas bíblicas sobre el Paracleto y aun afirmaron ser los últimos de una serie de profetas que incluía a las hijas de Felipe (Hch. 21:8-9). Decían que estaban llamados a convocar a todos los creyentes a la preparación para la venida de la Nueva Jerusalén celestial.


Hacia el 170 el movimiento «Nueva Profecía», como era conocido, se había extendido. El centro de la actividad montanista permaneció en Asia Menor, aunque había convertidos en Roma, Bizancio y Cartago. ¿Qué atrajo a tantos cristianos al montanismo? Quizá la respuesta se encuentra en tres palabras: autoridad, vitalidad y disciplina.


Los profetas montanistas afirmaban tener revelaciones directas de Dios, y sus palabras (oráculos) eran atesoradas y preservadas por los fieles como enseñanzas con autoridad. ¡Aquí tenían verdad fresca dada por el Espíritu para estos últimos días!


Además, las revelaciones, que venían de un éxtasis similar al trance, eran experiencias eléctricas tanto para el profeta como para la congregación.


Finalmente, había un énfasis renovado y riguroso en la santidad práctica, con enseñanzas proféticas sobre temas como el ayuno, el matrimonio, el ascetismo y la sanidad espiritual.


Tertuliano, el convertido más famoso del montanismo, ilustra la atracción del movimiento en su tratado Sobre el Alma:


Tenemos entre nosotros, ahora, una hermana que ha sido favorecida con dones de revelación, los cuales experimenta en el Espíritu por medio de visión extática en los ritos sagrados del Día del Señor en la iglesia. Conversa con ángeles y a veces aún con el Señor. Ve y oye comunicaciones misteriosas. Discierne los corazones de algunos hombres y obtiene dirección en cuanto a la sanidad para quienes la necesitan.
Ya sea en la lectura de las Escrituras, en el cántico de los Salmos o en la predicación de los sermones
o en las oraciones tiene la oportunidad de ver visiones…


¿Qué estaba mal, entonces?


No todos estaban tan enamorados del movimiento. En 192 Serapión, obispo de Antioquía, declaró que «la obra de la organización mentirosa llamada Nueva Profecía es abominada por la totalidad de la hermandad del mundo».


Otro obispo que escribió anónimamente en la misma época habló de sínodos regionales en Asia Menor que se reunieron para tratar esta controversia, con el resultado de que los montanistas fueron excomulgados.


Él y otros escritores se basaban en cinco evidencias principales:




  1. «Éxtasis anormal». Montano profetizaba en un frenesí, sin involucrar la mente racional, «en forma contraria a la tradición y sucesión de la Iglesia desde el principio».


  2. Falta de control. Cuando los líderes y obispos respetados por la Iglesia buscaron practicar el discernimiento con profetas montanistas, los profetas rechazaron someterse.


  3. Mundanalidad. Algunos cuestionaban los asuntos económicos de los montanistas. Otros se preocupaban por su estilo de vida. «Un profeta, ¿se tiñe el pelo, se pinta la cara, juega por dinero y presta dinero con interés?»


  4. Revelación fuera de las Escrituras. Muchos estaban preocupados porque las personas tenían más estima por los oráculos de la Nueva Profecía que por las Escrituras.


  5. Falsas profecías. Maximila declaró que habría guerras y tumultos y que luego de su muerte no habría más profetas sino que vendría «el fin». Sin embargo, trece años después de su muerte todavía había paz.

Por otro lado, algunos maestros ortodoxos, aunque no se unieron al movimiento, resistieron condenarlo. Ireneo, obispo de Lyon, estaba preocupado porque quienes atacaban a los montanistas forzarían al don profético auténtico a no revelarse en la Iglesia. Al respecto escribió: «no admiten el aspecto presentado por el Evangelio de Juan, en el cual el Señor prometió que enviaría al Paracleto, sino que dejan a un lado tanto el Evangelio como el Espíritu profético».


Aun Epifanio, el investigador de herejías del siglo cuarto, no pudo hallar fallas serias en el movimiento. De todas maneras, la forma en que los montanistas practicaban la fe hacía que la mayoría de los cristianos no confiaran en ellos.


El fin del movimiento


A comienzos de este siglo el historiador francés Pierre de Labriolle demostró que el montanismo de Asia Menor duró hasta la Edad Media, aunque el entusiasmo general por el movimiento terminó a fines del siglo cuarto. Tertuliano, que escribió siete libros defendiendo a Montano, fue la última figura importante.


Los historiadores continúan debatiendo cómo la Iglesia cristiana antigua manejó su doble mayordomía de autoridad eclesiástica y poder espiritual. Algunos discuten que la Iglesia, al condenar el movimiento, terminó con un elemento que hubiera creado aún más disensión. Otros dicen que las palabras de Pablo fueron ignoradas: «No apaguéis el Espíritu. No menospreciéis las profecías» (1 Ts. 5:19, 20).


Mucha de la literatura sobre la controversia (tal como el libro Sobre el Éxtasis de Tertuliano) está perdida. Lo que permanece, sin embargo, es un asunto de interés vital no sólo para historiadores de la doctrina sino para cristianos guiados por el Espíritu hoy en día.


Jaime Smith es pastor de la Iglesia Bautista Emanuel de Clairemont y profesor adjunto del Seminario Teológico Bethel Oeste (ambos en San Diego, California). Tomado de Christian History Magazine. Usado con permiso. Traducido y adaptado por Desarrollo Cristiano Internacional, todos los derechos reservados.

  • tweet
siguiente

Paz en el alma

Relacionados

La era de la simpasión

31 mayo, 2013

Viernes Santo: EL CAMINO DEL PERDÓN

29 marzo, 2013

¡Un Dios que baila!

31 agosto, 2012

Devocional de hoy

  • Fe
    La fe Bíblica se fundamenta sobre algo mucho más sólido y confiable que esto, la Palabra eterna del Dios todopoderoso.

lo más leido

El día de Pentecostés y la venida del Espíritu Santo: el nacimiento de la Iglesia, Parte I

El día de Pentecostés y la venida del Espíritu San...

publicado el 15 julio, 2005
Uno más uno: La pareja según el diseño de Dios

Uno más uno: La pareja según el diseño de Dios

publicado el 15 julio, 2005
¡Huye! No seas esclavo de la lascivia

¡Huye! No seas esclavo de la lascivia

publicado el 15 julio, 2010
Consejos para la intimidad matrimonial

Consejos para la intimidad matrimonial

publicado el 15 julio, 2010
El adolescente y su proyecto de vida

El adolescente y su proyecto de vida

publicado el 28 septiembre, 2009

videos mas vistos

Levanta tu cabeza

Levanta tu cabeza

publicado el 13 enero, 2017
Mujer Virtuosa

Mujer Virtuosa

publicado el 13 enero, 2017
Ser santos

Ser santos

publicado el 13 enero, 2017
Prioridades

Prioridades

publicado el 13 enero, 2017
Nuevo año, parte I

Nuevo año, parte I

publicado el 13 enero, 2017

Categorías

Ese hombre es como un árbol
plantado junto a los arroyos:
llegado el momento da su fruto,
y sus hojas no se marchitan.
Salmo 1:3 RVC