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Reflexión

¿Quién es un judío, entonces?

15 julio, 2005678 visitas

En Israel, un judío puede creer casi en cualquier cosa –excepto en Jesús- y seguir siendo considerado como un judío.


Hijos judíos mesiánicos -gente de extracción judía que creen en Jesús como su Señor y Salvador- recibieron un indeseado regalo en la última Navidad. El 25 de diciembre pasado la Suprema Corte de Israel dictaminó que los judíos que creen en Jesús no tienen derecho a una ciudadanía israelí automática (Christianity Today, 5 de febrero de 1990, p. 57)


La polémica sobre “quién es un judío” ha inquietado a políticos israelíes y judíos estudiosos durante muchos años. Cuando el moderno Estado de Israel fue instaurado en 1948 como el legítimo suelo patrio de los judíos, los jefes debieron establecer una ley que permitiera a los judíos dispersos por el mundo acceder a la ciudadanía Israelí. En 1950, el parlamento israelí estableció la Ley de Regreso, la cual, en esencia, definía a un judío como una persona nacida de madre judía, o a aquel que se convierte al judaísmo sin profesar otra religión. Cualquier persona en el mundo que encaja en esta descripción podía, automáticamente, acceder a la ciudadanía israelí.


Pero, ¿qué ocurre con una persona nacida de madre judía y que acepta a Yeshua como el Mesías? Es bien sabido que ya existen varios grupos de este tipo de creyentes en varios países de todo el mundo. Y si bien son grupos pequeños, van en aumento. Cuando una pareja sudafricana de judíos mesiánicos solicitaron ciudadanía israelí el punto fue llevado a la Suprema Corte, la cual dio, por resultado, la importante decisión del año pasado. El juez Menachen Elon escribió: “Aquellos que creen en Jesús son, en realidad, cristianos”.


Para los evangélicos, quienes” sentimos que el Estado de Israel es algo muy cercano a nuestro corazón, es difícil pasar livianamente esta decisión. Vemos a esta medida como algo que perpetúa el rechazo a Jesús, de larga data por el judaísmo organizado, y obliga a los judíos mesiánicos a buscar su ciudadanía por los medios de rutina, es decir, tratándolos como gentiles.


Que los judíos mesiánicos sean separados por ley nos lleva a recordar las distintas clases de judaísmo que Israel sí acepta automáticamente como ciudadanos: judíos ateos, no creyentes. No solamente pueden acceder a la ciudadanía automática sino que conforman una buena parte de la dirigencia política de Israel. Varios judíos que han comprado su lugar en expresiones religiosas de la Nueva Era también logran el privilegio de la ciudadanía automática (según Sam Nadler, director ejecutivo de “Ministerios de Personas Elegidas” -Chosen People Ministries).


En la óptica de muchos observadores, incluyendo el rabino Yechiel Eckstein, de la Confraternidad de Cristianos y Judíos de la Tierra Santa, esta decisión está motivada por un importante factor político. “El quien es un judío es el punto critico de la política israelí”, explica Eckstein. “La habilidad del gobierno de construir y mantener una coalición depende de un acuerdo sobre este punto”. Dicho en otras palabras, la Corte decidió que se podía arriesgar a separar a los judíos mesiánicos para satisfacer a los judíos ultra ortodoxos que quieren en estado exclusivamente religioso. O sea una decisión judicial determinada por un acuerdo político.


Anterior se había presentado el caso de un judío que se convirtió en seminarista católico. En aquel entonces la Corte Suprema declaró que él había perdido su derecho a la ciudadanía automática, al convertirse en sacerdote católico había dejado de ser judío. En cambio, las cortes rabínicas disintieron con ese fallo, manteniendo que ni el pecado de la apostasía podía borrar el judaísmo de una persona. En el sistema legal israelí, la Ley del Regreso es la única ley que otorga un trato preferencial por encima de los árabes u otros grupos. Ahora, al menos, la decisión de la corte secular evita que los judíos que adoran a Yeshua sean considerados legalmente judíos, por lo cual esa preferencia les ha sido vedada.


Sin duda que los judíos mesiánicos consideran esta decisión como un escollo. Pero en rigor de verdad, lo mismo han sufrido quienes hemos aceptado al Mesías nadando en contra de la corriente del linaje familiar, lo que en algunas culturas o religiones ha sido bastante duro. Si algo puede agregarse al tema de esta ley, es que comprueba aun más las palabras de nuestro Señor cuando nos advirtió sobre el costo de seguirlo.


Apuntes Pastorales. Volumen VIII – número 2

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