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Predicación

Relaciones en el amor de Cristo

15 julio, 2005446 visitas


Debemos entregar nuestras vidas a Dios para desarrollar relaciones armoniosas con los creyentes, Romanos 12.16



Introducción


Científicos franceses han logrado hacer que pollos píen como codornices. Nancy Ross-Flanigan, escribiendo para Detroit Free Press, informa que los investigadores tomaron tejido del cerebro de codornices japonesas que se piensa controlaban el llamado de las codornices y los implantaron en el cerebro de embriones de pollos. El experimento funcionó. Los investigadores dicen que cuando los pollos salían del cascarón, sonaban como codornices más que como pollos. Pero el verdadero milagro es que Dios ha «implantado» la mente de Cristo en aquellos que hemos recibido a Su Hijo como Salvador (1 Co. 2.12). Esto quiere decir que ahora tenemos la capacidad de actuar y hablar más como Cristo en la medida que nos dejamos controlar por El. Recordemos que pensamos y hablamos como la persona a la que más oímos. «Dime con quién andas, y te diré quién eres», reza el antiguo refrán. También, «El bien al bien se allega, y el mal, al mal se apega».


Sin embargo, es verdad que «el que entre la miel anda, algo se le pega». Todos nosotros somos afectados en mayor o menos medida por la conducta de las personas con quienes nos asociamos.


En 1955 se llevó a cabo un experimento para determinar la medida en que la gente estaba dispuesta a desobedecer una prohibición al ver a otros hacerlo.


El experimento se llevó a cabo en el centro de Austin en tres tardes sucesivas en tres esquinas. Los 2,103 peatones que pasaron las esquinas durante las pruebas sirvieron como sujetos del experimento. El experimento incluyó varias situaciones diferentes. En una, un experimentador, vestido con traje y corbata obedeció la señal de «no pasar» en el paso de peatones durante 5 veces. Luego, los peatones fueron observados durante 5 veces más, pero estando ausente el experimentador. Después, el experimentador volvió, pero vestido pobre y descuidadamente, con unos pantalones manchados y una camisa arrugada. Esta vez, él atravesó la calle aunque decía «no pasar». Al día siguiente, se invirtieron los papeles. El experimentador pasó la calle cuando la señal decía «no pasar», pero vestido de traje y corbata y obedeció la señal vestido con el pantalón sucio y la camisa arrugada. El departamento de policía había sido informado del experimento para que no hubiese agentes cerca que pudieran influir en los resultados.


Sólo el 1% de los peatones desobedeció la señal cuando el experimentador no estuvo presente. La obediencia era tan elevada sin el modelo que no fue posible decir si su presencia obedeciendo la señal hizo alguna diferencia. No obstante, un modelo desobediente sí afectó la conducta de los peatones. Cuando el modelo vestido pobremente desobedeció, el 4% de los peatones siguieron su mal ejemplo. Cuando el modelo vestido con traje y corbata desobedeció, el 14% siguió su mal ejemplo.



Trasfondo


Dios conoce la tendencia que tenemos a ser influenciados consciente o inconscientemente por la conducta de las personas entre las que nos movemos. Por eso Dios nos manda en Su Palabra que prefiramos ciertas compañías y evitemos otras.



Idea central: Debemos entregar nuestras vidas a Dios para desarrollar relaciones armoniosas con los creyentes. (Ro. 12.16)



La iglesia de Jesucristo es una familia. Debido a que convivimos tan cerca, y a que cada cabeza es un mundo, y a que tenemos trasfondos distintos, sobras razones para los roces, y conflictos.


Aquí Pablo nos da una serie de mandamientos que deben ayudarnos a prevenir las guerras dentro del cuerpo de Cristo.



I. Las relaciones armoniosas con los creyentes demandan imparcialidad


A. Esta exhortación se da ante la necesidad.
«Unánimes entre vosotros». «Teniendo la misma actitud unos para con los otros». Esta exhortación hacía falta en las iglesias del siglo primero, ya que Pablo la repite varias veces. En Romanos 15.5 Pablo exhorta: «Pero el Dios de la paciencia y la consolación os de entre vosotros un mismo sentir en Cristo Jesús». A los filipenses dice, «Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2.3). Es más, en Filipenses 4.2 tenemos el nombre de algunas hermanas que pasaron a la historia por su falta de armonía: «Ruego a Evodia y a Síntique que sean de un mismo sentir en el Señor».



B. Es una virtud cristiana


a. Para mantener armonía


Al apóstol Pedro también recalca la importancia de la armonía entre los hermanos en 1 Pedro 3.8, «Finalmente, sed todo de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables».


b. Para evitar fricciones
Quizá cuando Pedro escribió esto estaría recordando las necesidades del propio grupo apostólico, quien, con el mismo Señor Jesús presente, no estuvo exento de fricciones. En Lucas 22.23 leemos, «Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto». Lo que discutían eran quién había de entregar al Señor. Quizá se estaban sacando los trapos sucios al sol y echando en cara debilidades los unos de los otros. Es decir, los apóstoles no estaban teniendo la misma actitud los unos para con los otros. No estaban siendo imparciales. Quizá hasta estaban haciendo acepción de personas diciendo cosas como, «Mateo es un cobrador de impuestos; los cobradores de impuestos nunca han sido gente de confianza»; o, «Y los pescadores peor, todo el mundo sabe que los pescadores no son fieles a sus compromisos».


C. La armonía requiere imparcialidad.
Somos imparciales con los hermanos cuando no los discriminamos por causa de su trasfondo personal.

En la India, la discriminación por causa del trasfondo social de una persona es grande. Su sociedad es una sociedad de castas y hay castas que simplemente se creen superiores a las otras. Brahadur IV, Mahará de Mysore de 1892 a 1940 nunca comió con un europeo o una persona comedora de carne. Por otro lado, su cocinero, perteneciente a la casta brahaman, nunca comió con el Mahará, porque era su inferior.



III. Las relaciones armoniosas con los creyentes son obstaculizadas por el orgullo


A. Se debe cuidar nuestra actitud.
Es lo que indica la expresión «No altivos». Hablando de la incredulidad de Israel y su marginación temporal en el cumplimiento del propósito divino, Pablo dice en Romanos 11.20, «Bien; por su incredulidad fueron desgajados, pero tú, por tu fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme». Nuestra prosperidad espiritual puede llevarnos a la soberbia, el enaltecimiento y el orgullo. Esto puede ser prevenido reconociendo que somos lo que somos por la gracia de Dios (1 Co. 15.10).



«No puede el hombre recibir nada que no le fuere dado del cielo» (Jn. 3.27). Pilato estaba ensoberbecido de la autoridad que tenía. Cuando Jesús no le respondió a una pregunta, le dijo, «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tenga autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?» (Jn. 19.10). Pero su soberbia se debía a que había perdido de vista de dónde procedía esta autoridad: «Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba» (Jn. 19.11a).



B. Se debe el lugar en que nos ha colocado el Señor


Recordemos que cuando empecemos a sentirnos superiores a los demás por nuestros dones, o capacidades, o educación, o posesiones, o trasfondo personal, entonces hemos empezado a obstaculizar las relaciones armoniosas con los creyentes. Este es el engaño de Satanás, en 1 Timoteo 3.6 leemos con respecto de los requisitos para el liderazgo de la iglesia: «No un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.



En cierta oportunidad Diógenes, estando en casa de Platón, caminaba encima de las alfombras con los pies sucios, diciendo que así pisoteaba el orgullo de Platón. «Es cierto», dijo Platón, «pero lo haces con un orgullo más grande».



IV. Las relaciones armoniosas con los creyentes se manifiestan dando prioridad a nuestra asociación con los humildes


A. ¿Quiénes son los humildes?


1. Los humildes son los que reconocen su pobreza espiritual: Mateo 5.3, «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos».


2. Los humildes son los que habiendo reconocido su pobreza espiritual, se apropian por la fe de la salvación: Salmo 149.4, «Porque Jehová tiene contentamiento con su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación».


3. Los humildes son los que disfrutan de la cercanía de Dios: Isaías 57.15, «Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita en la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados».


4. Los humildes son los que imitan al Señor Jesús: Mateo 11.29, «Llevan mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas».



B. ¿Por qué debemos dar prioridad a nuestra asociación con los humildes?


1. Porque de esta forma estamos manifestando nuestra propia humildad. En 1 Corintios 7.14-16 leemos, «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo el templo de Dios y los ídolos?».


2. Porque de esta manera evitaremos ser humillados: Proverbios 16.19, «Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios». Porque, como dice Santiago 4.6, «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes».



¿Qué compañías estoy prefiriendo? ¿Con quiénes paso más tiempo? ¿A qué tipo de reuniones asisto con más regularidad?



V. Las relaciones armoniosas con los creyentes requieren reconocimiento de nuestras limitaciones


«No seáis sabios en vuestra propia opinión» Un periodista decidió divertirse enviando telegramas a 20 conocidos suyos a quienes seleccionó al azar. Cada telegrama contenía sólo una palabra, «Felicitaciones». Hasta donde el periodista sabía, ninguno de sus amigos había hecho cosa alguna que mereciera las felicitaciones. Sin embargo, cada uno de ellos se sintió tan complacido que envió de inmediato una carta de agradecimiento por las felicitaciones. Cada uno de los 20 asumió que había hecho algo que mereciera el telegrama.



Aquí Pablo nos exhorta a reconocer nuestras limitaciones, ¿cuándo lo haremos?



A. Reconoceremos nuestras limitaciones cuando admitamos que no somos más que los demás.
Cuando el Señor anunció a sus discípulos que todos lo abandonarían, Pedro respondió: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré» (Mt. 26.33). Pedro se creía superior a los otros. Después de la negación, Pedro aprendió que no era más que los demás. Días después, a orillas del Mar de Galilea, el Señor resucitado le pregunta, «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?». Pedro respondió, «Sí, Señor, tú sabes que te amo» (Jn. 21.15). No dijo, «más que estos».


B. Reconocemos nuestras limitaciones cuando admitimos que en algún sentido todo creyente es superior a nosotros en alguna manera.
Filipenses 2.3, «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo». Esto es así, porque somos miembros de un cuerpo, donde cada uno tiene una función específica. En esa área, para la cual está capacitado sobrenaturalmente por el Espíritu Santo, cada creyente es superior a otro que no tiene esa capacitación.



Un niño de la ciudad, visitando una granja por primera vez, vio un campo de trigo que maduraba. Observó que algunas de las espigas se mantenían altas y rectas, mientras que otras graciosamente doblaban sus cabezas. «Esas espigas que se mantienen altas y rectas deben ser las mejores», dijo al chico de la granja que le acompañaba. «Se miran como si estuvieran orgullosas de lo que están haciendo». El chico del campo se rió. «Eso porque tú no sabes mucho de trigo», le explicó. Y arrancando una espiga de cada una y restregándola en sus manos, le mostró que las espigas altas y estiradas tenían poco grano, mientras que las que tenían sus cabezas inclinadas estaban llenas de fruto.



C. Reconocemos nuestras limitaciones cuando admitimos que si no hemos practicado determinados pecados no es porque seamos más santos que otros, sino porque nos ha faltado la oportunidad.
Gálatas 6.1: «Hermanos, si alguno fuere sorprendido en laguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado». Fue la ausencia de esta humildad la que hizo que los fariseos trajeran al Señor Jesús la mujer tomada en adulterio. Pero Jesús los desenmascaró diciendo, «El que de vosotros está sin pecado, sea el primer en arrojar la piedra contra ella» (Jn. 8.7). Cada uno se sintió sorprendido en la falta. Cada uno se vio cogido con las manos en la masa. Cada uno se dio cuenta que si no habían adulterado no era porque no hubiesen querido…



Conclusión


1. «Dime con quién andas, y te diré quién eres».



2. Todos tenemos la tendencia consciente o inconsciente de imitar la conducta y las actitudes y las palabras de aquellos con quienes andamos.



3. Dos quiere que demos prioridad a las relaciones con los creyentes. Estas relaciones deben ser armoniosas y por lo tanto, demandan imparcialidad, rechazo del orgullo y dando prioridad a tal relación.



4. Recordemos a Santiago 4.4, «¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios»



5. Frank era grumete a bordo del Albatros. Su capitán, Juan Becq, con otros miembros de la tripulación, proyectaba una salida amenizada con locas distracciones y pidió al grumete que lo preparara todo.
—Todo está listo, capitán, pero permítame que no les acompañe.
—¿Por qué?—preguntó Juan Bec

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