Resiliencia en tiempo de crisis
Luego de meditar en sus palabras, le indiqué, con aire de sabiduría, que eso dependía de las decisiones que se tomaran hoy. Entonces ella me señaló su sentimiento de impotencia ante la crisis actual. Ese pequeño diálogo me retó y me hizo pensar en el tema de este volumen Juventud y cómo los acontecimientos mundiales afectan a nuestros jóvenes y su perspectiva del futuro. ¡Cuán grandes son las inquietudes y temores que aquejan a nuestros jóvenes! Latinoamérica ha sido testigo y ha saboreado lo amargo del terrorismo, el narcotráfico, la muerte y la violencia. Como padre y pastor, me parece que todas estas situaciones deben ser tomadas muy en serio en nuestro ministerio ya que nos desafían a dar respuestas pertinentes ante esta realidad. Con mucho dolor vemos y leemos sobre el aumento del suicidio y la drogadicción entre los jóvenes de nuestros países y con más dolor aún cuando este flagelo se experimenta en el seno de familias cristianas. Muchos jóvenes quedan congelados, marcados y traumados por experiencias negativas reales o imaginarias, las cuales les impiden avanzar. ¿Cómo ayudar a nuestros jóvenes? ¿Cómo prepararlos para enfrentar y asimilar positivamente las experiencias de dolor? ¿La iglesia local puede suplir y ser un recurso para nuestros hijos? En esta búsqueda de respuestas al problema presentado, me encontré con un tema que está siendo debatido en las aulas universitarias y en distintas profesiones, la resiliencia. Los expertos la definen como la capacidad del ser humano para soportar la adversidad y recobrarse con sabiduría y madurez a fin de conducir una vida productiva y con significado. Los documentos consultados no tienen como lector principal a la iglesia, sin embargo, uno de sus artículos presenta la importancia de la espiritualidad y señala el peso de un credo y una iglesia o comunidad de fe para que la persona especialmente el niño y el joven pueda desarrollar resiliencia. Desde la perspectiva pastoral me parece importantísimo resaltar cómo profesionales de otros ambientes reconocen el papel trascendental de la iglesia como ancla o fundamento para que una persona desarrolle resiliencia. Con base en el análisis hecho a varios de esos documentos, quisiera presentar algunos pensamientos seguidos de una breve aplicación al ministerio pastoral e iglesia local especialmente en relación con los jóvenes y los niños: 1. Necesitan sentir que hay un amor pleno y superior el de Dios que los ama sin condición (1 Jn 4.19, Jer 29.11)… debo enseñarles sobre el amor de Dios y pedir que por su Espíritu les permita creerlo y experimentarlo. 2. Necesitan sentir seguridad, esperanza, divertirse y disfrutar del buen humor en su familia e iglesia local (Ec 3, Ro 5)… debo promover actividades menos formales, a veces nos encerramos en un patrón que no permite la expresión de la felicidad. 3. Necesitan ser parte de una comunidad de fe estable… debo ayudar a los hermanos a ubicarse en una iglesia local y luchar contra las divisiones. 4. Necesitan ser aceptados y tener confianza en la comunidad de fe… debo promover relaciones interpersonales que sean más profundas e imparciales. 5. Necesitan sentirse parte de su iglesia local en la cual puedan participar y aportar para el bienestar espiritual de su familia y amigos… debo planificar con los otros pastores y líderes la forma en que los jóvenes y niños pueden participar y aportar más en la vida de la iglesia. 6. Necesitan apoyo en sus tiempos difíciles y que sus crisis sean aceptadas… debo conocer sus etapas, no debo condenarlos, sino escucharlos y acompañarlos. 7. Necesitan aprender los valores cristianos y cómo estos se aplican a la vida… debo evaluar cómo estoy enseñando los valores cristianos, ¿el énfasis es sólo teórico o también práctico? 8. Que Jesús sea una realidad en sus vidas como amigo, apoyo, guía y Señor. Lo que ha ayudado a muchos es saber que su fuerza no proviene de ellos, sino de una fuerza superior… ¿conocen nuestros muchachos a Jesús? 9. Los líderes religiosos tienen una capacidad de influencia importantísima sobre los niños y jóvenes… para ser su modelo debo pasar tiempo con ellos y permitirles que me conozcan. Las horrorosas películas de guerra nuclear o bacteriológica, de hambrunas y violencia, de la desesperanza y el abandono saltan de la pantalla chica y caen en la joven mente de nuestros muchachos. No es cuestión de respuestas fáciles o estereotipadas como la que di a mi hija. Debemos enfrentar nuestra responsabilidad ante Dios y ante las personas que él ha puesto a nuestro cuidado. Somos llamados a proveerles las anclas que soporten suficientemente el embate que están experimentando. Así, al desarrollar resiliencia, podrán avanzar hacia nuevos puertos. Es tiempo de pastorearlos y ayudarlos a vivir las palabras del salmista: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en la tribulación. Por tanto no temeremos…. Estad quietos y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones, enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros.» Salmo 46:12; 1011

