Sobre ritos y espiritualidad
¿No será cierto que las formas litúrgicas deben tener algún lugar en la vida cristiana? Las preguntas surgen a granel: ¿será que la abolición de toda forma visible es indispensable para la esencia de la vida cristiana? ¿Habrá elementos de cultura y sociología que cuentan? ¿No será que la búsqueda de formas y ritos sanamente entendidos es también parte del acto de adoración de todo ser humano? ¿qué es lo que la Biblia enseña?
LA SITUACION AQUI
Antes que nada, déjeme decir lo siguiente: 1) Tenemos en Latinoamérica un cristianismo evangélico in crescendo y ya con historia y cultura propias. 2) A su vez, el cristianismo latinoamericano no parece ser tan conciente de las implicancias históricas de más de veinte siglos de recorrido, que resultan en una lamentable pérdida de conciencia histórica y de riqueza en la forma de vida; 3) La gran masa de nuevos evangélicos debe sufrir un gran shock cultural al penetrar en la subcultura evangélica totalmente desprovista de formas que hasta el día de ayer eran tan comunes en la vida para ellos; 4) Los pastores deben entender esta crisis y proveer los medios para acompañar al nuevo creyente en su temprano explorar de la fe evangélica.
¿ESTO ENSEÑA LA BIBLIA?
Quizás algún lector ya se estará preguntando: y será bíblico todo esto?. Debo contestarle que asombroso que sí. Es asombroso cómo Dios cuidó de las formas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Rápidamente, puedo señalar el agrado de Dios ante la existencia de altares entre los patriarcas del Génesis. Por su parte, el libro del Exodo nos muestra a un Dios interesado del los mínimos detalles de las ofrendas (Ex. 25.1-9); las fiestas anuales (Dt. 16-1-17); la construcción del tabernáculo (Ex. 35.10-19; 36.8-38); las vestiduras de los sacerdotes (Ex. 37), etcétera. Y se puede seguir recorriendo las páginas de Levítico y Deuteronomio para ver el interés divino por los detalles en las formas de servicio y adoración. No es ajena a ninguno estudioso de los evangelios la manera en que Jesús respetó las ordenanzas del ritual hebreo (Le. 2.21; 4.16) y aun orden nuevas formas litúrgicas en el nuevo pueblo (Bautismo cristiano y Santa Cena). Los apóstoles, en su trabajo evangelístico, entendieron también la importancia de observarlos (Hch. 16.3).
Pablo lo expone magistralmente en ese celebrado pasaje de 1 Corintios 9.18-22, donde en el contexto del trabajo evangelístico dice a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.
Es así como Dios le dio forma a la primitiva fe del Pentateuco, adornando la
relación espiritual con sus criaturas mediante ceremonias y liturgias divinamente pensabas. Indudablemente, el cristianismo crece arropado en una cuna hebrea, la que le dio contexto de cultura y herencia histórica. ¿No tiene la Pascua hebrea su significado en el cristianismo? ¿O acaso no lo tiene la fiesta del Pentecostés judío, la fiesta de los Tabernáculos, el Yom Kippur, el Purim y el mismo día sábado?
Un modo claro en que se atenta contra la continuidad cultural e histórica de nuestra religión, de nuestra fe ha sido en el desmedido énfasis individualista y ahistórico del proceso de conversión. Tanto énfasis en el ya ahora (del que no niego su importancia y profunda validez), nos desconecta innecesariamente de cierto pasado y herencia trascendentales. Aunque en nuestros países haya mucho sincretismo y mucha herejía, hay cosas en nuestra cultura que fueron el producto de valores y enseñanza cristiana y que no debemos tirarlo apresuradamente. En ese apuro producimos un cristianismo tan preocupado por guardar la esencia de la fe y tan pobre de formas de expresión que resulta fallido luego en el proceso de madurez de la persona.
LA FORMA CULTURAL DEL CRISTIANISMO
Vale la pena transcribir algunos conceptos de los autores Grunlan y Mayers:
…el cristianismo nunca es hallado alejado de la cultura. Es siempre parte de la cultura. Existe un cristianismo americano, un cristianismo colombiano, un cristianismo nigeriano. No existe tal cosa como un cristianismo solo y único. El cristianismo es tal en cuanto es adaptable a cualquier cultura… Si el misionero va a introducirlo exitosamente dentro de una cultura foránea a él, tendrá que seguir por lo menos estos tres pasos. Primero, deberá estudiar la religión de la cultura en la cual ministrará.., deberá entender las funciones culturales de la religión en dicha sociedad… El segundo paso es cuando el misionero entiende la función del cristianismo dentro de su propia cultura… El necesitará desculturizar su cristianismo tanto como le sea posible… El tercer paso es determinar la forma cultural que el cristianismo bíblico deberá tomar a fin de reemplazar la religión nacional… La conversión no es el producto final del misionero; la obra del Espíritu Santo debe continuar durante toda la vida de la persona… La persona no vive dentro de un vacío cultural. Es parte de una cultura. Si el cristianismo es realmente una religión universal, entonces satisfacerá las necesidades de los hombres en cualquier cultura (Cultural Anthropology: A Christian Perspective).
LAS PERCHAS
Sería oportuno volver atrás un poco. ¿De dónde surge la dicotomía entre esencia y forma? Por supuesto que tal diferencia no estaba en el pensamiento hebreo y sí en cambio en el griego, donde la influencia platónica dejaría sus huellas hasta el presente. Dios no buscó nunca disociar la forma de la esencia en la fe y la adoración.
Aparte de aquellas instituciones rituales que el Señor formalizó, el pueblo de Dios ha desarrollado otras rutinas tradicionales que caracterizan su forma de vida, expresión, liturgia, como en todo desarrollo de grupo humano que tiene varias cosas en común. Son formas que ayudan a poner en práctica sus crencias y principios de vida, como lo es la escuela dominical, el levantamiento de la ofrenda en la mitad de la reunión o el hacerlo por sobres, la reunión de oración de mitad de semana, etcétera.
Esas rutinas tradicionales son como perchas de gran ayuda que facilitan diferentes áreas de la vida cristiana. Sabemos muy bien las consecuencias de practicarlas sin atención a su esencia, a su contenido, pero asimismo, el desecharlas desproteje al cristiano de ayudas para vivir y obedecer en aquellos momentos en que su ánimo decae o sus dudas lo atacan. ¿Cuántas veces ha ocurrido que alguien fue a la iglesia un domingo a la mañana, más movido por la tradición que por sus deseos de encontrarse con Dios y su pueblo, y regresó a su casa con bendición? ¿Cuántas veces ha habido grupos que, por rebelarse a la tradición, rompieron todos sus esquemas y, debido a la inestabilidad espiritual de sus miembros, lo que cundió fue la anarquía?
Sí, infinidades de veces la tradición ha viajado sin acompañante, sin esencia, y muchos han caído en sequedad de vida, pero ¿esto nos da el derecho a tirar por la borda toda forma? ¿Acaso la existencia de divorcios anula la institución matrimonial, o porque alguien cante con mala actitud desterraremos, entonces, la música de en medio de la iglesia? Fue el hombre quien sacrificó la esencia por la forma, cayendo en la hipocresía farisaica.
LA INTEGRIDAD EN LA LITURGIA
Dios nunca lo separó, ya que entendía que el hombre debe adorar en integridad. La adoración envolvería a todo un hombre, sin hacer participar sólo parte de él. Tomemos los dos mandamientos rituales cristianos, como el Bautismo y la Cena del Señor. Hemos observado con interés lo que cuesta a mucha gente bautizarse. No estoy refiriéndome específicamente al tiempo sino al factor crisis, tanto en su vida personal como social. Hay hermanos cuyos parientes, familiares, cónyuges no creyentes les han pedido que, aunque asistan a la iglesia evangélica, no se bauticen. Otros deben pensarlo mejor. A todo pastor le es consabido la situación planteada con los familiares inconversos cuando una pareja tiene un bebé; les parece que al no bautizarlo queda desprotegido. Sé que podríamos discurrir largo sobre la teología de esto, pero, ¿no será que para nuestra cultura el bautismo (en el nuevo creyente) es el primer rito que lo identifica socialmente con su nueva religión? ¿No será que aquí está el meollo de tan mentada crisis?
LOS RITOS CRISTIANOS
El Nuevo Testamento surge dentro de una cultura determinada, donde el bautizarse significaría exactamente eso: identificación. Quizás por eso en Hechos 2.41, 8.36-38, 16.30-33, el convertido se bautizaba inmediatamente. El bautismo era el rito que certificaba el milagro esencial de la regeneración; nada más. Debía testificar de una identificación de fe, no de los frutos de una nueva moralidad. Para esto último existiría, si así lo deseamos, la aceptación permanente a la membresía de una iglesia local.
Pensemos en la Cena del Señor. Por años hemos celebrado en la iglesia la Cena como parte del culto cristiano. Algunos lo hacen todos los domingos, otros una vez al mes, hay quienes encuentran razones bíblicas para sólo practicarla dos o tres veces en el año. En nuestra iglesia lo hacemos en el culto de adoración en el primer domingo de cada mes. Por años notaba cómo se sacrificaban otras partes del culto a efectos de dar el respeto y atención debida a la Cena. También por años noté cómo mucha gente participaba simplemente porque estaba allí en el culto como de costumbre. Decidimos, hace un tiempo atrás, elevar la Cena del Señor a nivel de ceremonia, separándola del culto de adoración y organizamos una reunión especial, distinta, aparte de las otras, exclusivamente para la Cena. Se logró que durante una hora, aproximadamente, todo girara alrededor de la Cena del Señor: canciones, testimonios, lecturas, etc. Los creyentes se reunirían exclusivamente para la Cena del Señor. En comparación con lo anterior, es una experiencia mucho más rica y en gran manera más significativa. En la forma, se dignificó la esencia dcl sacramento.
Hay otro rito cristiano que quisiera mencionar, el cual hemos descartado totalmente en virtud de la esencia. Es la institución de Cristo sobre el lavamiento de los pies. Cuando algún colega debe explicar por qué no se realiza tal forma, toda argumentación es en favor de una espiritualización de la esencia del significado. Sin embargo, Cristo se hincó, trajo un recipiente con agua y lavó los pies de sus discípulos y después ordenó que lo hiciéramos (Jn. 13.12-15); el mandamiento de Jesús es bien claro y sólo algunos pequeños grupos lo practican hoy en día. Pero aun si lo descartáramos por la razón cultural que fuera, ¿Nos hemos preguntado cuál es la forma equivalente en nuestra cultura para reproducirla? No olvidemos que la esencia sin una forma apropiada, carecerá de expresión.

