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Predicación

Transformados para testificar

15 julio, 2005584 visitas

Introducción



«Estamos produciendo máquinas que se comportan como seres humanos, y seres humanos que se comportan como máquinas» ha dicho el psicólogo Erich Fromm. El comportamiento de las máquinas está determinado por el programa con el que se les ha dotado. Las máquinas no tienen capacidad de autodeterminación. Las máquinas no son libres.Los hombres empezamos a actuar como máquinas cuando vivimos y actuamos guiados más por el entorno que nos rodea que por libre elección.



Hemos mencionado que nuestra conducta está determinado por lo que nos rodea o influencias culturales. Por ejemplo, los latinoamericanos son en general menos directos que los españoles. Hay también acondicionamientos temperamentales. Los sanguíneos son más impulsivos; los melancólicos, más calculadores; los coléricos, más tenaces; los flemáticos más conciliadores.También, hay condicionamientos pecaminosos. Porque hemos nacido pecadores estamos condicionados al mal, al pecado, a la corrupción y a la muerte. Hay acondicionamientos autoimpuestos. Por ejemplo, Pedro I, quien llegó a ser zar de Rusia en 1682, dormía con las botas puestas. Alejandro Dumas, el escritor francés, escribía siempre sus artículos para revistas en papel rosa; sus poesías, en papel amarillo; y sus novelas, en papel azul. Además de lo antes mencionado, hay otra serie de factores que pueden determinar cómo será la conducta de una persona en determinado momento. Tomemos por ejemplo la superstición. Pocos saben que Rudolf Hess descendió sobre Escocia el 10 de mayo de 1941 como resultado de la superstición. Hess profesaba una fe ciega en la astrología. Uno de sus astrólogos particulares, meses atrás, le había elaborado un horóscopo según el cual estaba llamado a ser instrumento de paz mundial. Pero si ello fuera poco, otro adivino, el profesor Hausohper aseguraba haberlo visto en sueños llevar este mensaje de paz por el suntuoso hall de una mansión inglesa. Poco después de caer, fue llevado al palacio del duque de Hamilton, jefe de los cazas de la fuerza aérea británica. Lo único es que su propuesta de paz no sólo fue rechazada, sino que él fue reducido a prisión.



Los antiguos romanos colocaban a un muchacho a la puerta de una mansión para prevenir a los visitantes que no cruzaran el umbral con el pie izquierdo, los cual traería mala suerte. Aun en nuestros días muchos siguen el refrán, «Martes, ni te cases ni te embarques» y es posible predecir lo que muchos harán en dadas circunstancias conociendo la superstición en la que creen.




Para reflexionar


Sí, muchas veces actuamos como máquinas. Movidos más por lo que nos rodea que por decisiones libres. Dios quiere hacernos libres; quiere libertarnos de hábitos, costumbres, tradiciones, limitaciones esclavizantes a las cuales estamos sujetos y obedecemos consciente o inconscientemente. Dios nos libra, en primer lugar, por medio del nuevo nacimiento. Dándonos una nueva naturaleza y dándonos la presencia del Espíritu Santa en nuestra vida. Dios nos libra en segundo lugar por medio de la entrega de nuestras vidas a Él.




Trasfondo




  1. En esta sección, Pablo nos dice que Debemos entregar nuestras vidas a Dios para ser transformados.


  2. Cuando entregamos nuestras vidas a Dios somos transformados en nuestra forma de pensar (1, 2), en nuestra forma de adorar (3-8), en nuestra forma de amar (9, 10), en nuestra forma de servir (11, 12), y nuestra forma de responder a la necesidad (13).


Transición


Debemos entregar nuestras vidas a Dios para ser transformados en la forma que responder a la persecución.



I. Debemos responder a la persecución sin sorpresa. (12.14a)


A. El cristiano va ha ser perseguido por su fe.


1. Será perseguido por vivir piadosamente. (2 Ti. 3.12)


2. Será perseguido porque el mundo está bajo el poder del maligno. (1 Jn. 5.19; véase 2 Co. 6.14-17)



En muchos casos, cuando se coloca una gallina distinta en un corral donde todas son iguales, las demás la picotean hasta matarla. Pedro también nos recuerda, «Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito.» (1 Pd. 4.12).



B. El cristiano que es perseguido debe responder con bendición.


1. ¿Qué es bendecir?
Bendecir es invocar el apoyo activo de Dios para el bienestar y la prosperidad de algo o de alguien. (Véase Mt. 5.43-44)


2. La actitud de Esteban


Cuando Esteban era apedreado por sus enemigos, un joven que consentía en su muerte, llamado Saulo de Tardo, estaba presente. Antes de morir, Esteban oró, «Señor, no les tomes en cuenta este pecado» (Hch. 7.60). Esta oración atravesó el corazón de Saulo como una espada. Tiempo después se convertía. Muchas veces un perseguido se ha convertido en seguidor de la fe que trataba de destruir porque vio cómo puede perdonar un cristiano.



El pastor Ricardo Wumbrand cuenta la siguiente historia:


«Cuando Rumania entró en la guerra como aliada de Alemania, se inició una redada de depuración en la cual muchos miles de judíos fueron matados o deportados. En Iasi solamente, 11 mil fueron asesinados en un día. Mi esposa, que comparte mi fe evangélica, es también de origen judío.



Vivíamos en Bucarest, de donde no deportaron judíos. Pero sus padres, tres hermanas y otros familiares que residían en Bucovine, fueron conducidos a Transmitria, una frontera salvaje de provincia que los rumanos habían capturado de Rusia. Los judíos que no murieron al término del viaje, fueron abandonados a perecer de hambre. Allí murió la familia de Sabina. Yo tuve que darle la noticia –continúa Wumbrand– ella se recobró y dijo –No voy a llorar. Tu tienes derecho a una esposa feliz y Mihail es una madre feliz, y nuestro Cristo a una sierva de valor–. Si lloró en privado, no lo sé; pero desde aquel día no volví a ver llorar a Sabina. Al poco tiempo, nuestro casero, un buen cristiano, me habló con tristeza de un individuo que se alojaba en su casa, esperando que lo llamaran a luchar en el frente. –Lo conocí en la guerra– me dijo –pero ha cambiado por completo. Le agrada alardear de haberse ofrecido para exterminar a los judíos de Transmitria, y de los cientos que mató con sus propias manos.




Subí al piso del casero y recostado en una butaca vi a un gigante a quien el casero me presentó como Borila. Cuando se levantó, era aún más alto que yo, y a su alrededor flotaba un aura de horror, como el olor de la sangre.
Pronto empezó a jactarse de sus aventuras en la guerra, y de los muchos judíos que había asesinado. –Un relato escalofriante– comenté, –pero no temo por los judíos.



Lo que me pregunto con angustia es lo que sucederá a sus asesinos cuando se hallen ante el tribunal de Dios–.




El casero quiso evitar una escena desagradable. Alegó que ambos éramos sus huéspedes y encaminó la charla hacia temas más inofensivos…. al rato Borila dijo ser un gran aficionado a la música. Mencionó que cuando sirvió en Ucrania, había quedado encantado con las canciones locales.



–Ojalá pudiera escucharlas de nuevo– dijo. Yo sabía algunas de esas viejas canciones. Mirando a Borila, pensé para mí, –El pez ha mordido el anzuelo–. Si desea escuchar algunas, venga a mi piso –le propuse–.



No soy pianista, pero puedo tocar algunas melodías ucranianas–. El casero, su esposa e hija nos acompañaron. Mi esposa estaba acostada en la cama. Por su hábito de oírme tocar suavemente en la noche, no se despertó. Toqué canciones folklóricas llenas de sentimiento, y vi que Borila se conmovía. Dejé de tocar y me volví a él. –Tengo algo muy importante que comunicarle.



–Hable por favor–, me contestó.



–Si mira por la cortina, verá a una persona durmiendo en la habitación contigua. Es Sabina, mi esposa. Sus padres, sus hermanas, y su hermano de doce años, fueron asesinados junto con el resto de su familia. Usted me contó que había matado a cientos de judíos cerca de Gotla, y es allí donde los llevaron a ellos–. Mirándolo a los ojos, agregué, –Como usted mismo no sabe a quiénes ha matado, debo asumir que es el asesino de su familia–.




Pegó un salto, con los ojos encendidos, como si estuviera a punto de estrangularme.



Alcé mi mano, y le dije, –Ahora ensayemos un experimento. Yo despertaré a mi esposa, y le diré quién es usted, y lo que usted ha hecho. Le puedo asegurar lo que ocurrirá. Mi esposa no dirá ni una palabra de reproche. Lo abrazará como si fuera su hermano, le traerá la cena y lo mejor que hay en casa. Ahora bien, si Sabina, que es una pecadora como nosotros, es capaz de perdonar y amar de esta manera, imagine cómo Jesús, el perfecto amor, será capaz de amarlo y perdonarlo. Basta conque usted retorne a Él, y todo lo que ha hecho le será perdonado–.




Borila en su interior se consumía de dolor de remordimiento por sus crímenes, y si nos había hecho la narración brutal de ellos era por la misma razón que el cangrejo enseña sus tenazas. Fue suficiente un pequeño golpe en su lado flaco, y sus defensas se desmoronaron. La música que yo había tocado había conmovido su corazón, y ahora, en lugar del ataque esperado, escuchaba palabras de perdón. Su reacción fue asombrosa. Dio un brinco y se desgarró el cuello con ambas manos rompiéndose la camisa.




–¡Oh, Dios! ¿Qué haré? –gritó. Se puso la cabeza en las manos y sollozó ruidosamente, moviéndose hace adelante y hacia atrás. –Soy un asesino. Estoy empapado en sangre, qué voy a hacer? –y las lágrimas le corrían por las mejillas.
Borila cayó de rodillas, temblando y comenzamos a orar en voz alta. No conocía ninguna oración. Sencillamente rogaba una y otra vez perdón, afirmando que esperaba y sabía que le había sido concedido por Jesucristo. Estuvimos juntos de rodillas un buen rato, y entonces nos levantamos y nos abrazamos.



–Prometí que haríamos un experimento –dije–, cumpliré mi palabra.



Me dirigí a la habitación y hallé que mi esposa dormía profundamente. Se sentía muy débil y agotada por esa época. La desperté poco a poco y le dije: –Aquí hay un hombre que tú tienes que conocer. Creemos que ha asesinado a tu familia, pero se ha arrepentido y ahora es nuestro hermano en Cristo. Sabina salió en bata de casa y extendió los brazos para abrazarlo; entonces los dos comenzaron a llorar y a abrazarse… Entonces, tal como lo había predicho, Sabina marchó a la cocina a traerle comida.»



II. Debemos responder la persecución sin maldición. (Ro. 12.14b)


A. El uso de nuestras lengua


1. Lo que dicen las personas de su lengua.
Es interesante observar a una persona que por lo general se comporta urbanamente y con palabras comedidas. De repente, algo no sale como espera y entonces se siente con el derecho decir toda suerte de expresiones y malas palabras. Luego puede ponerse la mano en la boca, y decir, «se me salió». Mentira.


2. Lo que dice Jesús de la lengua de las personas.
«¿Cómo pueden ustedes que son malos decir algo bueno? De la abundancia del corazón habla la boca.» (Mt. 12.34). «Si alguien se cree religioso pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada… Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Puede acaso brotar de una misma fuente agua dulce y agua salada? Hermanos míos, ¿acaso puede dar aceitunas una higuera o higos una vid? Pues tampoco una fuente de agua salada puede dar agua dulce» (Stg. 1.26; 3.19-12).



B. ¿Cómo respondemos cuando nos tratan injustamente?


Una evidencia de que hemos o no hemos entregado nuestra vida a Cristo es el uso que hagamos de nuestra lengua a la hora que nos traten injustamente.



Conclusión


1. Estamos llamados ser distintos. Esta nueva conducta se ha de ver en la forma en que respondemos a la persecución.



2. Preguntas que debemos hacernos para terminar.



  1. ¿Estoy siendo distinto? ¿Son mis actitudes, intereses, asociaciones, preferencias, palabras, pensamientos, y acciones distintas a las de aquellos que no conocen a Cristo? ¿Estos siguiendo el ritmo marcado por el tambor del cielo o el ritmo marcado por el tambor del infierno? ¿Me distingo de los demás por lo que digo y hago? ¿Por la forma en que uso el día del Señor? ¿Qué pautas sigo en el uso que hago de mis tales, recursos, tiempo? ¿Busco la satisfacción de mis planes, apetitos y deseos, o agradar al que murió por mí en la cruz?
  2. Segundo, ¿cómo estoy respondiendo a la persecución que viene por marchar al ritmo del tambor del cielo? ¿Cómo estoy respondiendo a la marginación y el rechazo? ¿Con amargura, frustración, revanchismo y lástima de mí mismo? ¿O con amor, bendición y oración por los que me ultrajan y me persiguen?

3. ¿Me estoy comportando como una máquina, respondiendo mecánicamente a condicionamientos impuestos? ¿ Estoy respondiendo como alguien libre que ha elegido obedecer a Dios antes que a los hombres?



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