Atención espiritual
En el instante que la mujer tocó el borde del manto de Cristo, él percibió lo que había acontecido. «Entonces Jesús dijo: “¿Quién es el que me ha tocado?” Todos lo negaban, y dijo Pedro y los que con él estaban: “Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y preguntas: “¿Quién es el que me ha tocado?”. Pero Jesús dijo: “Alguien me ha tocado, porque yo he sentido que ha salido poder de mí.“» Varias observaciones saltan a la vista de este breve intercambio.
En primer lugar, notamos que los discípulos no sabían distinguir entre los que tocaban por curiosidad y los que tocaban por necesidad. No queremos ser duros con ellos, porque Jesús estaba rodeado de una enorme multitud que lo apretaba y oprimía. No obstante, la respuesta de los discípulos indica que no tenían conciencia de que en tales situaciones se puedan dar dramáticas experiencias espirituales. Del mismo modo, nosotros a menudo podemos perder de vista que en la multitud hay individuos que han llegado para algo que le será negado a la mayoría.
Para un líder es fundamental estar atento a estos individuos. Usted no puede cambiar vidas ministrando a una multitud, sino interviniendo, en el momento oportuno, en la vida de individuos. No existe otro camino para el ministerio. Siempre que somos invitados a diferentes lugares para ministrar, debemos pedir al Señor que nos permita ver a esas pocas personas en las que, por su gracia, podemos hacer un impacto eterno. Los demás quedarán entusiasmados con la enseñanza y la ministración, pero solamente en algunos se sembrarán las semillas de un verdadero cambio.
Por último, es importante entender que tenemos que reconciliarnos con el precio a pagar por el privilegio de invertir en otros. Nuestra salvación no fue gratuita para Cristo. Creo que muchas personas dentro de la iglesia no están dispuestas a invertir en otros porque, en el fondo, no están dispuestas a pagar el precio. No obstante, no existe otro camino que este. Debe animarnos, sin embargo, saber que Dios recompensará la pérdida de todo lo que nosotros ofrecemos en sacrificio por amor a otros.
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