¿Contaminados?
Resulta claro que la mayoría de las personas no disciernen los errados fundamentos sobre los cuales se sostiene una religión, especialmente cuando se la considera como el culto «oficial» de una nación. «Si goza de tal prestigio», diría el hombre de la calle, «por algo debe ser». Es por esta razón que Cristo decide esclarecer el entendimiento de la multitud, a la cual convoca con este propósito.
La primera frase que pronuncia Cristo debe haber causado consternación a muchos de los presentes: «No lo que entra por la boca contamina al hombre; pero lo que sale de la boca, esto contamina al hombre» (11). La mayoría de ellos eran conocedores de los elaborados rituales que observaban los fariseos para mantener su pureza en un mundo impuro. La práctica derivaba de una compleja interpretación de las leyes del Antiguo Testamento que exigían pureza de los levitas y todo lo relacionado a las ceremonias y ritos en el templo (Lv 11.44 y Ex 19.6).
Los fariseos restringían seriamente el contacto con diferentes clases de personas que consideraban poco comprometidas o contaminadas. La entrada de un judío a sus casas solamente era posible si se sometía a una serie de rituales que quitaban todas las «impurezas» que podía traer consigo. No existía la posibilidad de que un fariseo entrara en la casa de un gentil ni aun recibir la visita de uno de ellos en su casa,,práctica que se consideraba fuera del alcance de los más estrictos rituales de purificación.
Entre las observancias que acompañaban la vida de los fariseos se encuentra la que generó la enseñanza de Cristo en este pasaje, el hábito de lavarse cuidadosamente las manos antes de comer. Esta práctica no tenía como principal objetivo la higiene sino que era un principio esencialmente religioso. Los fariseos creían que en el acto de lavar sus manos removían de sus personas todas las impurezas que pudieran haber acumulado en el transcurso del día por haber estado en contacto con personas impuras. Su indignación contra los discípulos de Jesús es porque esperaban que un grupo de personas que seguían a un Maestro religioso observaran las mismas reglas que ellos.
Como es usual en las enseñanzas de Jesús, abordó directamente la raíz del problema, que está relacionada con la manera en que este grupo de personas veían el mundo. La filosofía que sostenía las creencias de este grupo religioso afirmaba que la contaminación es algo que rodea a la persona, pues se encuentra en el mundo exterior a uno. La conclusión lógica de esta postura, entonces, es que la pureza solamente se logra cuando se reduce al mínimo el contacto con todo aquello que puede contagiar la vida de corrupción. Esta perspectiva también persiste tenazmente en la Iglesia de hoy. La desesperación de muchos pastores por mantener a sus jóvenes en reuniones para que no anden en el «mundo» es una moderna expresión de esta misma visión. Por esto, lo primero que se hace cuando una persona se convierte es aislarla de sus contactos mundanos para asegurar que la persona se pueda «afirmar» en las cosas del Señor.
El problema principal de este enfoque es que está combatiendo el mal en el lugar equivocado.
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¿Cuál es, según Cristo, la fuente principal de maldad en el hombre? ¿Por qué se ofendieron los fariseos ante la declaración de Jesús?
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