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Consejeria

Ayudando a Aquiles con el problema de su talón

15 julio, 20051971 visitas

Aquiles llegó a ser el guerrero más poderoso de los griegos durante la guerra de Troya. Según la mitología griega, su madre (Tetis) trató de hacerlo inmortal poniéndolo en el fuego durante la noche y frotándolo con ambrosia durante el día. Habiendo fracasado con ese método, lo sumergió en el río Stryx, quedando afuera el talón por medio del cual lo sostenía. Este baño le dio fortaleza en todo su cuerpo, y sólo podía ser matado por una herida en su talón. Debido a su capacidad de resistencia se transformó en un gran guerrero. Más tarde fue muerto en Troya, cuando una flecha lo hirió en la única parte desprotegida: su talón.


De este mito proviene nuestra metáfora sobre el talón de Aquiles, usada para referirse a la principal área débil o vulnerable en una persona.


¿Tienen los cristianos un área o áreas en sus vidas donde son especialmente vulnerables a la tentación o el fracaso? Determinados personajes bíblicos me vienen a la memoria: Salomón (sexo). Jeremías (depresión), Pedro (impulsividad), Juan (intolerancia), Timoteo (timidez). Marcos (indecisión), Tomás (pesimismo). Jonás (prejuicio).


He observado a través de mis años que algunos individuos son atraídos por pecados particulares con mayor frecuencia y potencia que otros. Esto no excluye que puedan ser tentados y pecar de otra forma, sino que tienen áreas particulares de debilidad en las cuales hay un fracaso crónico. Algunos necesitan ayuda para identificar esta área de problemas, y la mayoría necesita aprender cómo manejarla.


Abraham es un caso típico. Mintió en dos ocasiones para protegerse (G 12 y 20); aparentemente usó dicha mentira por más de 30 años (Gn. 20.13). He aquí un hombre de Dios que demostró una fe extraordinaria por lo cual la Biblia lo alaba. Logró el triunfo en muchas áreas de su vida militar y económicamente, su humildad fue ejemplar (Gn. 13. 1-18). Aún así recurrió a la mentira cuando estuvo bajo presión.


¿COMO DESCUBRIR EL TALÓN?


¿Qué podemos hacer para que un aconsejado reconozca la naturaleza crónica de cierto pecado en su vida? Se debe saber cómo mirar el pasado (hay formas correctas e incorrectas de hacerlo). Es posible que las siguientes preguntas le resulten muy útiles. Contestarlas honestamente será un gran paso hacia la identificación de áreas pecaminosas y hacia la recopilación de antecedentes para el planeamiento de un ataque bíblico a cada una de ellas.


1. ¿De qué manera pecaba usted, más frecuentemente antes de ser cristiano?


¿Qué fue lo que le trajo a menudo miseria, problemas y congojas?


2. ¿Qué pecados ha tenido que confesar más frecuentemente después de su conversión?


¿Hay algún “modelo” reconocible? (las formas y expresiones previas a su conversión pueden ser manifestadas en formas, diferentes después de su conversión, aunque el modelo subyacente pueda ser el mismo).


3. ¿Qué críticas le han sido hechas?


Si éstas han sido bien fundamentadas o no, no es la cuestión, sino más bien cómo han percibido otros sus acciones (actitudes, etc.)


4. Considere los fracasos en las vidas sus padres y abuelos.


¿Qué conflictos provocaron discusiones, divorcios, etc…? Pueden existir modelos de pecado en cadena de una generación a otra (Ex. 20.5; Dt. 5.9-10). Sin embargo, no necesita reincidir en la generación siguiente. La cadena puede ser rota.


5. ¿Qué pecados y fracasos percibe usted rápidamente y condena en otros?


¿Pueden ser estos también su propia área de vulnerabilidad? (Recuerde la historia de David y Natán). Este puede no ser el caso; sin embargo, el rechazo de pecados en la vida de otros suele apuntar hacia la aceptación de ese pecado en la propia.


¡A TRABAJAR!


Una vez que se ha ocupado un tiempo en un cuidadoso auto-análisis y habiendo identificado nuestra área de debilidad, debería llevarse a cabo una acción bíblica.


1. El aconsejado deberá comprender la naturaleza del pecado y sus consecuencias.


El pecado no es meramente debilidad o inconveniencia; es un desafío a Dios. Tiene efectos desastrosos tanto sobre el que peca como en aquellos que le rodean. Considere los efectos de la trasgresión de Abraham cuando mintió con respecto a su relación con Sara. El puso en peligro el carácter y el futuro de ella, contribuyó a los problemas de Abimelec y se vio envuelto aún más por los lazos del comportamiento pecaminoso. Determinó un modelo que afectó a la segunda y tercera generación (Isaac, Jacob). Los frutos del pequeño pecado de Abraham tuvieron mucha repercusión. En forma similar, aquellos que toleran fracasos crónicos en un área particular de sus vidas verán que esto es verdad.


2. Debe responsabilizarse por su área de debilidad.


No debe culparlo como una cosa heredada. Es comportamiento pecaminoso adquirido y actitudes tales como “Así es como soy yo”, “Soy ya muy viejo para cambiar”, “No lastimo a nadie” o “Así fui criado” sólo servirán para evadir la culpa y posponer la solución.


Abraham se entregó con indulgencias a hacer excusas. Trató de justificarse y racionalizar su comportamiento pecaminoso delante de las personas por quienes era responsable espiritualmente (Gn. 20.11-13). La confesión y el arrepentimiento son indefectiblemente necesarios.


3. El aconsejado deberá tomar pasos definidos e inmediatos para combatir su área de debilidad.


Ese área de su vida en la cual ha caído con mayor frecuencia debe ser visto como una brecha, como una fisura en la pared de sus defensas espirituales. Los siguientes pasos deben tomarse para cerrar esa brecha:


A. Darse cuenta de no va a ser superado en un solo intento o por la decisión de un momento.


El Pedro en los evangelios no es el mismo hombre que en las epístolas; sin embargo, ambos están distanciados por el tiempo y la experiencia. Llevó tiempo desarrollar uno de los hijos del trueno (Juan) al lugar donde podía enseñar a otros cómo amar. Parece ser como si Dios tomó el área de debilidad de Juan y por medio de su gracia santificadora la cambió en un área de especial fortaleza.


B. Este cambio requerirá la aplicación práctica diaria de dinámica espiritual.


La confesión del pecado (I Jn. 1.9) para recobrarse inmediatamente y el caminar en el Espíritu (Gal. 5.16) para un empuje positivo deben ser comprendidos y aplicados.


C. No alimente su área de debilidad buscando gente y/o lugares que la inciten.


Por ejemplo, un hombre joven que lucha con tentaciones sexuales debe ser alentado a cuidarse del tipo de programas que mira en la televisión, los libros que Jee, etc… Debe procurar por todos los medios el evadir la tentación innecesaria. Puede ser el caso de que haya desarrollado amistades con aquellos que comparten con él su área de debilidad y eso contribuye a su fracaso continuo. Pues, entonces, deberá reestructurar su vida social (I Co, 15.33).


D. Cuando una debilidad ha sido una parte habitual de nuestra vida, será difícil corregirla.


Abraham practicó la suya con respecto a Sara por suficiente tiempo, de modo que se transformó en una respuesta instintiva. Lograr que el aconsejado tome conciencia de la esclavitud que le implican los hábitos pecaminosos, es no proveerle excusas sino más bien una iniciativa realista hacia su necesidad. Va a requerir una obediencia disciplinada a la Palabra de Dios por un período de tiempo, controlada por el consejero y aptitud divina para establecer fortaleza en un área de debilidad. (Los adolescentes son particularmente vulnerables a pecados asociados con falta de autocontrol. Sus padres deben saber esto y proveer la necesaria protección). Una esposa debe tomar conciencia y reconocer el área de debilidad a las cuales tiende cuando no está recibiendo liderazgo espiritual apropiado por parte del marido. Es posible que finja liderazgo (II Tim. 3.6-7; Gen.3.1-6; I Tim. 2.11-14) y que sufra la autoridad de su marido (I Co. 11.3-16; I Pe. 3.1-6).


Si uno está escapando de la autoridad de Dios en una o más áreas, se ha expuesto a tipos especiales de vulnerabilidad.


4. Es necesario que el aconsejado se familiarice con las cualidades de Cristo, las cuales contrarrestan las obras de la carne.


Cuando he ayudado a alguien a determinar su área de debilidad, le muestro las características de Cristo que son especialmente necesarias para reemplazar las obras de la carne.


Si un hombre tiende a pecar repetidamente por su temperamento (se enoja fácilmente, por ejemplo), debe aprender el significado y la aplicación de la humildad. Si su problema es la lujuria sexual, entonces no sólo debe desechar la lujuria, sino que debe introducir autocontrol en su lugar. Si es celoso, debe introducir amor. Si es auto-compasivo debe introducir paz. Si es cortante, debe introducir gentileza. Sí es obstinado debe introducir obediencia. No es ninguna coincidencia que “la vestimenta interna”, especial, de la esposa de un hombre inconverso necesita ser un “espíritu suave y apacible” (I Pe. 3.4).


Un crecimiento cristiano bien balanceado es, por supuesto, el fin último para todos los creyentes; sin embargo, muy a menudo los cristianos logramos madurar en forma apropiada solamente en ciertas áreas, con “cegueras” hacia otras áreas, las cuales sólo a la luz del Consejo total de Dios pueden corregirse, a fin de prevenir que ocurran “deformidades”. El aconsejado, portante, debe procurar estar bien equipado con las riquezas de la verdad de Dios (Col. 3.16).


El nos ha provisto toda la armadura espiritual necesaria para protegemos de las artimañas del diablo. No tenemos por qué estar indefensos; tampoco nos falta un arma ofensiva. Sin embargo, el consejero debe ayudar a aprender cómo ponerse toda la armadura de Dios si ha de pararse y tomar la espada del Espíritu; no vaya a ser que uno de los dardos del maligno hallen algún talón descubierto y le suceda lo de Aquiles.


Apuntes Pastorales


Volumen V Número 1

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