Es en el cumplimiento de sus mandamientos que nos aseguramos que Él tiene participación en nuestras vidas, y no solamente nosotros.
Como líderes debemos procurar una vida de santidad e intimidad tal que nuestra vida brille con la gloria de Dios.
Los resultados verdaderos se miden por el peregrinaje, no por un evento independiente.
Dios siempre supera nuestras más altas expectativas y nos asombra de manera sorprendente.
Dos actitudes son nocivas en el pastoreo, cumplir por obligación y servir por el beneficio personal implícito.
Para los que han depositado su confianza en el Padre, la «preocupación» es, literalmente, innecesaria.






