Sabiendo que Dios no tiene limitaciones para intervenir como él quiera, debemos armarnos de un espíritu abierto.
Aun cuando las situaciones no sean perfectas, debemos avanzar en nuestra tarea convencidos de que hemos recibido órdenes de nuestro Señor para arrancar con el proyecto.
El Señor se mueve en una esfera que no es reconocible a nuestros ojos.
La raíz de las dudas no están en las propuestas que Dios pueda traer para nuestras vidas.
Para tener lo que produce bendición en nuestra vida, todo debe darse en su justa medida.
No erremos creyendo que la extensión de tiempo es el secreto de una profunda vida de triunfos.


