No temas
El pasaje que hemos estado estudiando realmente tiene un ritmo vertiginoso. «Estaba [Jesús] hablando aún, cuando vino uno de casa del alto dignatario de la sinagoga a decirle: “Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.” Oyéndolo Jesús, le respondió .»
Creo que nos resulta muy difícil captar el dramatismo de este momento. El oficial de la sinagoga se había acercado a la persona del Mesías apenas unos minutos antes. Traía consigo un desesperado pedido, pues su única hija estaba al borde de la muerte.
Si usted tiene hijos, entiende muy bien la impotencia de ver sufriendo a uno de los suyos sin poder aliviar su situación. Es, quizás, para un padre, una de las cargas más difíciles de sobrellevar.
Fuera cual fuera su situación, seguramente usted percibe el dramático momento que lo enfrenta. En este contexto, las palabras de Cristo rozan en lo absurdo: «No temas; cree solamente y será salva».
Nos encontramos, una vez más, frente a una verdad que se ha mencionado muchas veces en este espacio: el reino de los cielos no se mueve con principios similares a los de este mundo. La realidad del reino es enteramente diferente a la nuestra. He aquí nuestra dificultad. Con nuestra mente humana, seriamente limitada por la cultura en que vivimos, queremos entender ¡cómo es posible aconsejar que no tema a un padre que acaba de perder a su única hija! El hecho es que necesitamos volver una y otra vez a las alocadas aventuras por las cuales ha transitado el pueblo de Dios para recordar que el Señor se mueve en una esfera que no es reconocible a nuestros ojos. Proclama el futuro nacimiento de un hijo a un matrimonio estéril y de avanzada edad. Anuncia la derrota de un ejército enemigo a trescientos hombres armados con jarrones y antorchas. Avergüenza a una multitud de guerreros enviando en su defensa a un joven pastor de ovejas armado con cinco piedras y un callado. ¡Nuestro Dios simplemente está en otra dimensión de la vida!
Saber esto tiene que ayudarnos a entender que jamás podremos recibir su palabra si intentamos ajustarla y encasillarla en nuestros parámetros. Esto es lo que significa vivir por fe. Es apropiarse de las más disparatadas declaraciones, porque el que las pronuncia es confiable. Sus palabras no se entienden; simplemente se viven.
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