Levántate, recoge tu camilla y anda… Juan 5.8 La limitación de una persona solo expone a la luz que necesita de la compasión humana, la comunión y la solidaridad.
La palabra final de que haya o no evidencias de nuestro llamado al ministerio, la debe tener el Padre.
La Palabra revela que Dios utiliza el sufrimiento en diversidad de maneras en la vida de sus hijos.
La compasión tiene sus raíces en un atrevido gesto de Dios: el ofrecimiento de un amor sin condiciones.
Si nosotros mismos no somos capaces de sufrir, no conseguiremos sufrir con otros.
Es increíble cuán fuertes podemos tornarnos cuando comprendemos lo débiles que somos.


