Los siguientes consejos pueden ayudar a aquellas personas que se encuentran liderando grupos juveniles o han sido llamados a trabajar con esta población, en distintos espacios. La meta final debe siempre ser ver a cada joven convertirse en verdadero discípulo de Cristo.
Cuando hablamos de Dios y la obra misionera, resulta indispensable entender que la misión no es nuestra ni pertenece a ningún proyecto privado. Hablar de misión es hablar de la misión de Dios.
Solamente podemos proclamar con eficacia aquello cuya eficacia hemos experimentado. Si nuestras vidas no dan testimonio por medio del amor, el gozo y la paz, demostrando que Cristo es real para nosotros, nuestras palabras llegarán en vano a los oídos que las escuchan.
Babel es más que una torre. Es la manifestación visible de un espíritu que opera, en forma sutil, en el corazón de cada uno de nosotros. Abraham nos comparte algunas pistas acerca del camino que debemos recorrer para no quedar atrapados en Babel.
Periódicamente necesitamos que se nos vuelva a recordar cuál es la esencia de nuestro llamado. Aunque no podemos olvidar que el pueblo está compuesto de individuos, es necesario protegerse de los peligros que entraña un culto personal y solitario a Dios. Hoy resulta vital identificarse con la Iglesia.
El único requisito para alcanzar el éxito en los proyectos del Señor es confiar en él.


