Haciendo uso de estos principios como timón podremos conducir a nuestros movimientos a gustar en forma de aperitivo la maravilla de la utopía del Reino, y a encender en nuestros hermanos y hermanas, dondequiera que se encuentren, el entusiasmo misionero de reproducir minúsculos testimonios de un anticipado proyecto que ya vivieron.
Todo comienzo es difícil, lleno de expectivas y cosas nuevas y las elecciones que hacemos al iniciar un ministerio pueden resultar en bendición o en traumas que perduran durante años ...
Una cuestión que preocupa a muchos evangélicos hoy en día es la necesidad que existe de que haya más y mejores líderes. Muchas congregaciones y denominaciones encuentran que su progreso está siendo coartado, no porque no estén dispuestas a avanzar sino porque no tienen suficientes personas capacitadas para cumplir funciones de liderazgo.
Los pastores y líderes, así como todos aquellos que trabajan en la viña del Señor, necesitamos establecer una amistad al estilo de Jonatán y David. Necesitamos alguien con quien podamos sincerarnos, una persona que nos comprenda y se identifique con nosotros porque conoce el terreno que pisamos y las pruebas que existen...
Existe una dicotomía entre si el pastor evangélico debe ser pastor-hermano o pastor-padre. Dicha dicotomía produce un desgaste vocacional y psicológico que indudablemente afecta, de manera negativa, al ministerio pastoral. El artículo nos provee una reflexión sobre las capacidades potenciales del modelo pastor-hermano, y las frustraciones propias de la posición paternalista.
A menudo los líderes chocan porque enfrentan las situaciones desde perspectivas diferentes.


