¿Alguna vez sintió a Dios como su enemigo?, ¿lo culpó de los sinsabores y dolores que experimentó en esta vida?, ¿se sintió tentada de acusarlo de indiferencia e insensibilidad?, ¿pensó en él como un Dios castigador?
Toda la existencia está llena de sorpresas buenas y malas. Si bien Dios nos da oportunidades y nos llena de una esperanza que el mundo no conoce, no basta con ser moralistas y religiosos. Es necesario entender quién es él y cuál es su propósito para nosotros.
Espiritualidad y misión son dos caras de una misma moneda. No resulta suficiente decir que son dos aspectos complementarios, sino que son indisolubles. El Espíritu se relaciona con nosotras para que podamos unirnos a él en la realización de sus planes. Así, relación y realización son dos aspectos de un mismo sentido.
Esconder los sentimientos en el matrimonio es un juego peligroso, pero tan común que muchas veces no se le concede la importancia debida. Quizás te sorprenda saber en cuántas diferentes formas el temor mantiene al marido y a la mujer alejados de esa relación íntima que ellos desearían tener. Todas hemos experimentado ese deseo de conservar nuestra individualidad y, al mismo tiempo, sentirnos unidas con nuestro esposo. En el mismo suspiro decimos: «abrázame, ¡pero no demasiado fuerte!»
El amor no trata de salirse siempre con la suya, no es irritable, ni quisquilloso. (1Co. 13.5, La Biblia al día)
El tema de amistad masculina/femenina entre personas casadas es acaloradamente discutido hoy en día entre muchos cristianos. Algunos aconsejan esta relación ingenuamente y sin precaución. Otros dicen que es pecaminoso tener este tipo de relación en cualquier nivel. La autora nos comparte que la verdad se encuentra en alguna parte entre las dos opiniones.


