El Señor no ve nuestras limitaciones como impedimento para sus planes.
La figura apática, distante e indiferente en quién algunos han creído no guarda relación con el Dios revelado por las Escrituras.
Cada líder deberá agregar al don recibido del Espíritu el esfuerzo, la disciplina y la práctica.
Debemos tomar el compromiso de ser instrumentos para la restauración de los necesitados.
Nuestro buen Padre celestial nos invita a relajarnos y a caminar por otro camino, el de la confianza en su bondadoso compromiso con nuestro bienestar.







