Si disponemos todo nuestro ser a escuchar, podremos no solo oír las palabras sino también el corazón.
Nuestra autoridad tiene una relación directa con nuestro compromiso de vivir lo que enseñamos a otros, así que, practiquemos la vida espiritual.
Cuando se ministra a otros siempre habrá una pérdida de recursos por parte del que ministra.
Así de generosas son las intervenciones de Dios, que aun aquellos que no están enterados de su paso por un lugar pueden beneficiarse de él.
Como líder, usted necesita tener los ojos puestos en algo más inspirador que las circunstancias en las cuales se encuentra.


