La presencia de la iglesia en la sociedad debe ser un factor que preserve al hombre de la podredumbre natural que lo encierra.
La celebración de la Cena del Señor debe hacernos recordar la razón por la cual fue necesaria esa muerte.
El Señor invierte en nosotros con la eternidad en mente. Hay aspectos de nuestras vidas que necesitan ser tratados.
La importancia de no perder la capacidad de sorprendernos de la grandeza de Dios es crucial.
El dolor de uno afecta a todo el cuerpo de Cristo, aunque decidamos ignorarlo.
Toda obra divorciada de una relación con el Señor, aun cuando sea obra para él, es obra mala.


