Hace un mes estuvimos debatiendo en Medellín, Colombia, sobre los desafíos y propuestas de la Teología de la Liberación
Trajinando el tiempo, uno se encuentra nuevamente con la Navidad, pero ahora la mirada crítica se hace inevitable. También hoy, alrededor de la fiesta navideña, se dan cita la ternura y la codicia. El villancico suena incansablemente para enternecemos y cuando el ánimo y el corazón se relajan, la oferta trata de abrir nuestros bolsillos.
Tercera parte sobre esta serie acerca del Amor de Dios. Hemos estado hablando sobre el amor de Dios en las anteriores entregas y preguntamos alguna vez ¿Porqué es que Dios nos manda amarle cuando el amor es algo que brota o no brota espontáneamente en una persona, pero que no puede surgir a pedido?
El amor, es decir, la capacidad que una persona tiene de dar y recibir amor se desarrolla recibiendo y dando amor desde su nacimiento e infancia. De todas las facultades que Dios ha puesto en nosotros la más maravillosa es el amor. «Dios es amor», dicen las Escrituras (1 Jn 4.8). El amor es, por así decirlo, la materia prima de la que Dios está hecho.
¿Qué significado tiene para la iglesia la siguiente descripción que Isaías hace del Mesías? «no quebrará la caña cascada, no apagará el pabilo que humeare ». El autor nos ayuda a reflexionar en cuanto a la actitud de rechazo que en muchas iglesias se tiene hacia creyentes con un pasado o presente cuestionable.
Todo verdadero ministerio espiritual lleva implícito un componente vital que es el de la resurrección... El autor concluye este serie con la última parte del encuentro entre el profeta Eliseo y la mujer de Sunem. Aquí el autor nos hace reflexionar no sólo acerca de la fe que tenía esta mujer, sino también acerca de la fe y sumisión del profeta a la voluntad del Señor.


