Un artículo que explica con ejemplos claros y sencillos por qué Jesús es la puerta estrecha y por qué debemos seguirlo. Una reflexión especial para motivar a las personas a creer en Cristo Jesús.
Temor, confusión, enojo, impotencia. La vida parece estar fuera de control cuando nos sentimos violentados, cuando nuestro "circulo de seguridad" es violentado es muy fácil perder el norte. ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué Dios permite que me pase esto a mi? ....
Pocos se detienen a cuestionarse en cuanto a su amor a Dios. La frase «el amor de Dios» cuando la usan los cristianos, casi siempre se refiere al amor que Dios les tiene. Sin embargo, debiéramos recordar que también puede significar nuestro amor por Él.
El ser humano busca la felicidad, estar feliz, más que ninguna otra cosa. Pero una vez que obtiene este gozo y alegría que desea, descubre que no puede ser feliz, si no tiene paz. Sin una verdadera paz no se puede gozar de felicidad completa, no se puede gozar de las posesiones. La paz es una condición indispensable de la felicidad.
Muchos piensan que nuestra vida se acomodaría si incorporáramos a nuestra rutina diaria el tiempo para el devocional, pero, ¿por qué no se ven grandes frutos en muchos de los que tienen esta disciplina?
¡Qué lleno está el ministerio de tiempos de llorar y tiempos de reír! Hay veces que no sabemos si debemos llorar o reír... hay otras en que reímos para no llorar. ¡Cuánto anhelo por ese día en que no habrá más lágrimas, ni dolor, ni injusticias! Mientras tanto, ansío poder vivir el día de hoy en la dicotomía de llorar con el dolor de otros y de gozarme en el Señor y en las pruebas. Me reconforta el hecho de pensar que Jesús haya llorado frente a la tumba de Lázaro, aun sabiendo que iba a resucitarlo. También me reconforta el que, siendo El perfecto, fuese "varón de dolores, experimentado en quebranto" y que se angustiara ante su propia muerte. Todo esto, tal vez, me ayude a entender que en verdad la lucha que tenemos con el sufrimiento, el dolor y la incomprensión, es real y dolorosa. Cuando no tengo palabras para los padres de un niño que muere, me reconforta pensar que hubiera sido mejor que los amigos de Job hubiesen callado, en vez de hablar. Por otro lado, temo hablar con clichés súper espirituales que sólo traen más dolor al que sufre. Y temo ver que mi corazón se endurezca frente a los problemas de otros, con tal de evitar sentir el dolor ajeno. Por sobre todo, encuentro más reconfortante aun ver a Dios hablando con Job, sin darle una respuesta para sus problemas y cuestionamientos. En cambio, lo lleva a ver su propia soberanía, su sabiduría y


