Agua eterna
Jesús aprovechó el factor sorpresa para crear una situación de apertura. La mujer, sin embargo, no ha captado el verdadero sentido de las palabras que él le ha compartido. Creo que nosotros tampoco lo hubiéramos entendido. Somos muy lentos para percibir el sentido espiritual de las situaciones. En cada situación nuestra vista tiende a enfocarse exclusivamente en el plano de lo visible. Mas el apóstol Pablo nos dice que el secreto de la vida espiritual se encuentra en «no mirar nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Cor 4.18). A pesar de la lentitud de la mujer, Cristo no se impacienta con ella. Él es el Maestro de maestros; no tiene apuro.
Permite que la conversación se vaya desarrollando a un paso adecuado.
Quien ha bebido agua fría luego de una larga caminata bajo el sol sabe cuán deliciosamente refrescante es el líquido cristalino en ese momento. Uno casi puede sentir cómo el cuerpo revive a medida que bebe el agua. Del mismo modo, el agua que ofrece el Señor suple una necesidad y trae una plenitud de vida que ningún otro elemento de la creación puede producir.
Cada uno de nosotros debería poseer la profunda convicción de que solamente Dios tiene aquello que saciará los anhelos más intensos de nuestro ser. Esto nos evitará perder mucho tiempo buscando por otros lados, y no me estoy refiriendo a la búsqueda del que no está en Cristo. Me refiero a los que están en luz, pero siguen buscando entre los hombres lo que solamente Dios les puede dar.
En segundo lugar, note que esa agua tiene una especie de vida propia, pues se convierte en una fuente de agua que salta para vida eterna. En esto hay una clara alusión al hecho de que el agua no solamente continúa fluyendo, produciendo mayor transformación espiritual, sino que nosotros también nos convertirnos en portadores del agua viva, ofreciendo a otros la misma experiencia que nos ha sido otorgada a nosotros. Esta es una parte esencial de nuestro llamado y quien la ignora corre peligro de que la fuente de agua se torne en estanque. Lea los versículos 16 al 20. ¿Qué estrategia sigue Jesús ahora?
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