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Biblia

Excluídos

1 marzo, 2014Desarrollo Cristiano1680 visitas
Colosenses 3:10-11

El desviarse ocasionalmente del camino es una experiencia común a todos los cristianos. Tal como lo describe Pablo en la Carta a los Romanos, muchas veces acabamos haciendo lo que no queremos hacer, y lo que queríamos hacer no lo hacemos. Es el precio de la interminable lucha entre el espíritu, que desea, y la carne, que es débil.

El pueblo que transitó por el desierto, sin embargo, convirtió la experiencia ocasional en un estilo de vida. «Siempre se desvían en su corazón». Existe en ello una obstinación por desatender las instrucciones del Señor que resulta exasperante. Al ser reiterativo el pecado se vuelve mucho más difícil encontrar para él un justificativo. Existe aquí una notable carencia a la hora de reflexionar sobre el camino recorrido y aprender de los errores cometidos. Israel convirtió la rebeldía en estilo de vida.
El Señor confiesa haber arribado al fastidio con esa generación. No pretendo identificar el momento en que la misericordia y la paciencia del Señor se convierten en disgusto. No obstante, resulta conveniente tener presente la trágica historia de Saúl. En un momento su obstinada rebeldía provocó en Dios una decisión radical: «El Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte del Señor lo atormentaba» (1Sa 16.14 – NBLH). Sencillamente no es bueno postergar el tiempo de la corrección.

El Salmo 81 revela el camino que Dios suele recorrer con aquellos hijos que no quieren que los corrija. Los entrega a la dureza de su propio corazón y los deja andar en sus propias intrigas (12).

Solamente aquellos que entienden la verdadera naturaleza torcida del corazón humano saben cuán grave es esta decisión. Es como si, ante los caprichos de un niño, lo dejáramos comer un frasco entero de mermelada, o que metiera los dedos en la toma eléctrica. El hecho es que precisamente por ser niño no sabe lo que le conviene. Por esa misma razón necesita padres que lo guíen. El problema es que la mayoría de los niños desconocen el nivel de su propia ignorancia y por eso insisten en hacer las cosas a su manera.

En el caso de los israelitas el Señor juró que no entrarían en su reposo. Esta disciplina se refiere a un padecimiento mucho más desolador que quedar excluidos de la abundancia que Dios le había reservado a Israel en la tierra prometida. Esta falta de reposo se refiere a la insatisfacción que resulta de convivir con el vacío y la angustia que trae la falta de comunión con el Creador. Es convertir en la permanente sensación de miedo e incomodidad que experimentaron Adán y Eva inmediatamente después de comer del fruto prohibido. Es quedar librado a la propia sabiduría de uno mismo, con la que solamente los verdaderamente necios se creen capaces de salir adelante solos.

Si el precio para disfrutar del bendito reposo que resulta de estar en paz con Dios es una experiencia de corrección, ¡somos más que afortunados! Abramos nuestros corazones a la tierna disciplina de nuestro buen Padre celestial.  

© Desarrollo Cristiano Internacional 2013. Se reservan todos los derechos.

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