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Reflexión

Mega Sumo Sacerdote

15 marzo, 2014Desarrollo Cristiano1558 visitas
Colosenses 4:14-15

Una vez más, en el texto de hoy, nos encontramos frente a la frase «aferrémonos a la fe que profesamos». Recordamos que esta representa un llamado a amarrar la fe, a sujetarla con firmeza, a no permitir que huya ante las amenazas que presenta la vida cotidiana.

El autor añade un argumento a esta exhortación. Debemos retener nuestra fe porque tenemos un gran Sumo Sacerdote que puede ayudarnos en nuestra debilidad.

Al hablar de Jesús emplea un término que ha cobrado renovada vigencia en nuestros tiempos: mega. La palabra «mega» se refiere a algo potente, inmenso, extraordinario. Es decir, Jesús es el GRAN Sumo Sacerdote, el representante más distinguido y excelente que jamás haya ocupado este rol. El Sumo Sacerdote entraba a la presencia de Dios, por un breve instante, una vez por año. Jesús, en cambio, ha trascendido los cielos y está en la presencia del Padre por la eternidad. Desde ese lugar de increíble intimidad y cercanía con el Dios de toda misericordia, puede representar admirablemente nuestras necesidades ante Aquel que decide el destino de todo ser viviente. Frente a la batalla por retener la fe contamos con la asistencia de un sacerdote sin igual.
Debemos, entonces, retener nuestra fe, no solamente porque de esa manera lograremos mantener alineado el curso de nuestras vidas con los propósitos del Eterno. También debemos hacerlo porque, frente a la batalla que inevitablemente representa sujetar la fe, contamos con la asistencia de uno que ha peleado las mismas batallas que nosotros, que conoce personalmente las debilidades de la carne y que ha escuchado las seductoras propuestas del enemigo para elegir otro camino, en lugar del que Dios ha señalado. 

Ese Sumo Sacerdote, Jesús, está ubicado en un lugar sin igual, para prestarnos apoyo. Antes de ascender al cielo anunció a sus discípulos que TODA autoridad le había sido otorgada en los cielos, y también sobre la Tierra. Esta declaración no deja lugar a dudas: No existe situación alguna, por más desesperante que nos parezca, en la que él no pueda intervenir. Y no solamente esto, sino que esa autoridad le da la posibilidad de revertir, de manera dramática, las circunstancias más adversas.

No obstante esta increíble ventaja, muchos de nosotros cedemos frente a la desesperación. Analizamos con cuidado todos los ángulos de la situación en la que nos encontramos y arribamos a lo que creemos es una conclusión irrefutable: No hay esperanza de que esto se revierta.

En este momento cobra fuerza la exhortación del autor de Hebreos: RETENGAMOS nuestra confianza. No permitamos que huya de nuestro espíritu. Con un espíritu de osada valentía atrevámonos a declarar que Dios es fiel para intervenir en nuestras circunstancias. Creamos que sus propósitos para nosotros son buenos. Demos gracias, por adelantado, porque él desplegará su gloria en esta situación, y hará enmudecer a todos los que dudaron de su poder. Celebremos que él siempre tiene la última palabra en los asuntos que conciernen al rumbo de nuestras vidas.  

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