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Biblia

Sacerdote perpetuo

27 marzo, 2014Desarrollo Cristiano1498 visitas
Colosenses 7:20-25

Hemos sufrido mucho daño, en el ámbito de la Iglesia, por reducir la salvación a un momento específico de la vida. Acostumbrados a esta perspectiva, solemos identificar nuestra salvación con una fecha en el calendario, el día en que por primera vez nos enteramos de lo que Cristo podía hacer por nosotros. La salvación, en el Reino, es un estilo de vida.
El concepto más común en el Nuevo Testamento, sin embargo, es que la salvación es un estilo de vida. Es decir, si bien podemos identificar el inicio con un día puntual de nuestro peregrinaje terrenal, la salvación tiene que ver con una obra de restauración. Si le diéramos un viejo sillón, que haya pertenecido a nuestros abuelos, a un artesano especializado en el trabajo de devolverle su antigua gloria, no diríamos, de ninguna manera, que el día en que llevamos el sillón al taller es el momento en que fue restaurado. Más bien, ese día el artesano comenzó con el trabajo tierno y cuidadoso de trabajar para que, eventualmente, el sillón recuperara su antiguo estado de hermosura.

Del mismo modo ocurre en nuestras vidas. El día en que respondimos a la invitación de Cristo a caminar con él fue el comienzo de un proceso. De ningún modo podríamos afirmar que ese día quedó completa la restauración que él quiere obrar en nosotros. Más bien comenzó, como el alfarero que describe el profeta Jeremías, a darle una nueva forma a nuestras vidas. La transformación que obra a nuestro favor durará lo que dure nuestro transitar por esta Tierra.

No estamos acostumbrados a pensar en Cristo como Sacerdote, pero el autor de Hebreos desea afirmar que, a diferencia de los sacerdotes humanos, este Sacerdote continúa por la eternidad en sus funciones. Por esto señala que puede «salvar por completo» a los que se acercan a él. Es decir, puede finalizar el proceso de hacernos libres, sanos, completos, limpios y útiles para toda buena obra.

La manera en que logra esto, según este pasaje, es presentar ante Dios nuestras necesidades. ¡Qué tremendo! Tenemos Uno que conoce exactamente lo que hace falta en nuestras vidas y pide audiencia con el Creador del universo para efectuar peticiones a nuestro favor.

Quizás el mejor ejemplo que poseamos de este trabajo secreto es la revelación que Cristo le hizo a Pedro. Poco antes de ser entregado, le dijo: «Simón, Simón, Satanás ha pedido zarandear a cada uno de ustedes como si fueran trigo; pero yo he rogado en oración por ti, Simón, para que tu fe no falle, de modo que cuando te arrepientas y vuelvas a mí fortalezcas a tus hermanos» (Lucas 22.31-32).

No tenemos ningún indició de cuál fue el momento en que Jesús recibió esta revelación, ni cuando intercedió por Pedro. Lo interesante es que tenía conocimiento de algo que ni el mismo Pedro sabía y, conforme a esa revelación, peticionó a su favor. No cabe duda de que Pedro se mantuvo firme porque Cristo oró por él. Hoy, realiza la misma acción a favor de todos los que caminan con él. ¡Qué increíble bendición!  

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