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Discipulado

El Amor

15 julio, 20051005 visitas


—Queridos hermanos, abramos la Biblia en el pasaje de Primera Corintios capítulo 13, del versículo 1 al 13 inclusive… Primera Corintios 13, del 1 al 13.


Y el leve murmullo de las hojas al pasar llenó el pequeño templo.


—Para aquellos que posean la versión Reina Valera se encuentra en la página 1063.


El Pastor esperó unos segundos y comenzó a leer con voz clara y precisa: «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena…»


La grey seguía atenta la lectura, mientras un silencio reverente destacaba aun más las palabras del ministro.


—¡Dios quiere que seamos una gran familia! Si creemos que somos sus hijos, también debemos sentirnos hermanados en Cristo Jesús y responsables, en la medida correcta, el uno del otro.


Sentado en el anteúltimo banco, solo y completamente abstraído, Oscar revisaba su pasado: la primera visita al templo siendo un niño, el recuerdo que entonces tenía de los miembros más antiguos de la comunidad, las fiestas navideñas con todo su alegre colorido, sus añejos conflictos, los distintos pastores que la congregación había tenido, y algunos célebres sermones que habían influido mucho en su vida.


El Pastor, apoyando su brazo en el púlpito e inclinando su cuerpo hacia adelante, acentuó: «¿se acuerdan del pasaje en el cual Jesús fue tentado por los fariseos, cuando le preguntaron sobre el gran mandamiento de la ley? Busquen en Mateo 22, versículos 37 al 40. Allí la palabra nos señala que el primer mandamiento es amar a Dios “con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente”. Y acto seguido nos dice que “el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.»


Volvió a pesarle a Oscar la inmensa soledad que desde niño había tenido, prácticamente sin amigos de su edad, educado en una dura moral cristiana, a la que había intentado ser fiel en todo momento.


En su confusión mental y espiritual afloraban los conflictos cotidianos con la existencia, con el mundo de los que no creían. Además, los golpes que la vida le había propinado, y que lo encontraban siempre solo e indefenso, lo llevaban inexorablemente a preguntarse sobre la protección divina y sobre el sentido de todas las pruebas en las que estaba fallando y perdiendo una fe que no sabía ya si tenía origen divino o humano.


—¿Quién es nuestro prójimo? Etimológicamente, es quien está próximo, quien está cerca nuestro. Por ello no nos olvidemos que primero tenemos un compromiso con los hermanos de la iglesia, con nuestros parientes y amigos, y luego con todo aquel que por una u otra razón se acerca a nosotros.


Recordaba su ensimismamiento ante todos esos conflictos. El repliegue sobre sí mismo y la coincidencia con el abandono o la distracción de los demás creyentes con respecto a su persona. Un desinterés tal, que había llegado al extremo de que eran muy pocos los hermanos que se acercaban a saludarlo.


—¡Hermanos, la palabra de la Biblia es bien clara y terminante! No podemos afirmar que amamos a Dios mientras seamos indiferentes a nuestro prójimo, pues, si no amamos a quien podemos ver y tocar, ¿cómo podemos decir que amamos a Dios, a quién no vemos?…


No dejaba de reflexionar sobre la lucha que libraba su humanidad caída con el deseo de agradar al Creador. Ni tampoco sobre el concepto que tenía de Dios. Un terrible y tremendo ser al que no conviene irritar con malos procederes ni, mucho menos, con el quebranto de sus leyes.


—Recuerden que no nos salvamos por obras sino por el amor de Cristo en la cruz. Y ese amor debe llevarnos a amar a nuestro prójimo, a quien está cerca nuestro.


Lentamente Oscar comenzó a escuchar el sermón.


—La Biblia lo repite en varios pasajes: cumplir con todos los mandamientos equivale a cumplir con uno: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Con un amor que no debe ser de palabra sino verdadero, un amor que debe reflejarse en nuestras acciones cotidianas.


»Acaso vamos a decir como Caín: “¿Soy yo guarda de mi hermano?” »Hermanos, no podemos eludir nuestro compromiso con el prójimo, porque en él está implícito el compromiso con Dios.


»¡No ignoremos la importancia del amor! La Biblia nos dice que la fe y la esperanza habrán de pasar, y que sólo el amor permanecerá. ¿Cómo anda el amor a tu prójimo? ¿Realmente es bueno? Mira que es a través de tu amor cómo muestras la presencia divina en tu vida.


Llegó la etapa final del culto y el pastor se aprestó a celebrar la Cena del Señor, aclarando que sólo podrían tomar parte en ella los miembros de la iglesia, o de otra congregación, que tuvieran una buena comunión con el Señor. Invitó a ponerse de pie a todos los que participarían de la celebración. Oscar permaneció sentado, nuevamente absorto en sus pensamientos. Allí quedó, como si fuera un mueble más del templo, en una actitud que ya era familiar para los demás creyentes.


Para concluir el servicio, el pastor pidió varias oraciones y dos miembros prominentes de la congregación oraron en voz alta. El culto terminó con la entonación de un cántico.


Al finalizar la reunión, Oscar saludó sólo a tres personas que lo conocían desde la infancia, mientras el resto de la gente se agolpaba en el atrio para conversar y despedirse.


Las palabras del Pastor aún resonaban en sus oídos en el momento en que comenzó a invadirlo una extraña tristeza. Quizá porque en los últimos quince años de haber estado asistiendo a los cultos no había participado de la Cena del Señor, y nadie se había acercado a preguntarle el por qué de su actitud…

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