Ante las decisiones Divinas lo único que nos queda por hacer es guardar silencio.
Ilustración de sermón: «Los limpiaparabrisas recorrían el cristal, pero me costaba mucho trabajo visualizar el panorama. ¿Debía pasarle el control a mi papá? ¡No! Era mi auto. ¿Quién, sino yo, sabía a dónde ir y por qué...?»
El líder que quiera participar en los proyectos de Dios tiene que dejar de confiar en sus propias habilidades.
Nuestras obras proclaman que nos hemos comprometido con Aquel que nos llamó a su admirable luz.
La confianza en Dios se hace evidente en acciones concretas.
El verdadero discípulo busca y da consejo, pero nunca alterca ni es problemático.


