Estamos tan familiarizados con los acontecimientos del nacimiento de Jesucristo que nos resulta difícil formarnos la idea de que hubo personas cercanas al lugar que se perdieron la oportunidad de ser testigos de ese evento único e irrepetible, en la historia de la humanidad.
No es de sorprenderse que los dos reyes se enfrentaran. Ambos poseían un inmenso poder pero la forma cómo decidieron usarlo reveló cuán diferentes eran sus corazones. Uno era un tirano, el otro un siervo. Uno consumido por los intereses personales, el otro enfocado en agradar a su Padre y servir a los demás...


