Es incomparable la belleza de una vida que es genuinamente espiritual y humana a la vez.
Cuando existe un intenso deseo de hacer lo que es bueno, Dios mostrará, por el medio que él escoja, el camino a seguir.
El hombre sabio y la mujer entendida saben que el Señor no puede ser contenido ni explicado por los más sofisticados procesos de razonamiento disponibles al ser humano.
El transitar confiado por los caminos que el Señor nos indica no depende de lo lógico que resulte escogerlos, sino de la certeza de que quien los traza los conoce bien.
Dios no se limita a un solo método, ni utiliza el mismo medio cada vez que nos habla.
Estamos tan familiarizados con los acontecimientos del nacimiento de Jesucristo que nos resulta difícil formarnos la idea de que hubo personas cercanas al lugar que se perdieron la oportunidad de ser testigos de ese evento único e irrepetible, en la historia de la humanidad.


