Muchos adolescentes se entregan a la relaciones sexuales prematuramente buscando el amor que no recibieron de sus padres y madres.
Estas palabras se basan en mis cincuenta y ocho años de matrimonio. Cuando Pablo y yo nos casamos, él tenía sobrada confianza en sí mismo. Yo, al contrario, era muy tímida. Nuestro matrimonio al principio era como una mesa cuadrada. Hoy, la mesa es redonda porque hemos redondeado las cuatro esquinas ajustándonos el uno al otro. Nos costó muchos años llegar a comprendernos completamente, pero el esfuerzo ha valido la pena. Gracias a Dios nuestra vida ahora es como una continua luna de miel.
Es un error creer que el paso del tiempo afecta negativamente la vida sexual.
La Iglesia debe proveer claras enseñanzas a los jóvenes sobre el valor de la abstinencia sexual fuera del matrimonio.


