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Discipulado

Mitos desalentadores

15 julio, 2005567 visitas

Soy maestra de niños en la escuela dominical, y domingo a domingo preparo mi clase, tratando de instruir y retar a mis alumnos a crecer en su fe. Otros amigos trabajan con adultos, con jóvenes o con niños. Al comparar notas de nuestra labor en la formación de la fe cristiana, a menudo ,además de las alegrías y los retos, compartimos sentimientos de impotencia y frustración. Algunas de las inquietudes surgen en nosotros al escuchar comentarios (explícitos o implícitos) acerca de la labor educativa y que tienden a desanimarnos y presionarnos. Examinemos a continuación algunos de ellos.


1. Dicen que para ser un buen maestro debo mostrar un excelente manejo del grupo.



Esta afirmación encierra un poco de verdad, pero debe ser aclarada para entender su validez práctica. Todos hemos experimentado la frustración y el mal ambiente producido en una clase desordenada y fuera de control. Este no es un ambiente propicio para el proceso enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, es un mito que el logro del «manejo de grupo» es algo anterior al momento de la clase, más bien, ocurre simultáneo al proceso y es parte íntegra de aprender y enseñar. Aprendemos a manejar el grupo sobre la marcha.



Nuestro enfoque debe estar en valorar y dar participación a los alumnos, propiciándoles respeto y libertad de expresión y retándolos con temas relevantes y proveyendo oportunidades para el éxito. En un ambiente como éste, la buena conducta será mucho más factible y con el tiempo, se podrá ver en el grupo unidad y productividad. Cualquier conflicto que pueda surgir será más fácil de manejar bajo estas condiciones.



2. Dicen que para ser un buen maestro tengo que lograr que los alumnos estén callados y sentados para que así aprendan más eficientemente.



Hemos crecido en un medio escolar en el cual esta máxima se da por sentado. Para muchos, una clase en la cual haya movimiento, actividades, conversación y preguntas equivale a estar «fuera de control». Cuando nos abocamos a «enseñar» verdades bíblicas, a veces queremos que los alumnos se queden muy quietos mientras nosotros hablamos y hablamos. Creemos que una clase silenciosa es sinónimo de una clase atenta y que ese es el medio más propicio para «aprender». Desgraciadamente, a veces al tratar de lograr ese cometido lastimamos los sentimientos de los alumnos, dañando sus actitudes hacia el evangelio y su caminar en la vida cristiana.



Pensemos por un momento en cómo Dios nos creó… activos, observadores, inquietos, curiosos, hablantines… Muchas de las cosas que mejor hemos aprendido en la vida (a cocinar, verdades espirituales, a conducir un auto, etc.) lo hicimos mientras otra persona nos mostraba cómo hacerlo y luego nos permitía a nosotros intentarlo. Esto nos obliga a pensar de nuevo en cómo nos preparamos y guiamos una clase bíblica.



Un punto crucial en la formación cristiana de hoy es saber que las personas aprendemos mejor cuando estamos directamente involucrados en el proceso. Esto significa que nuestros 5 sentidos deben de estar activos y que entre más real sea la enseñanza, mejor entenderemos cómo aplicarla en nuestro diario vivir.



3. Dicen que si quiero ser un buen maestro, las «capacitaciones« me enseñarán todo lo que necesito.



La verdad es que los maestros aprendemos a «enseñar» cuando enseñamos. El problema en muchas de nuestras iglesias es que no se da una supervisión ni retroalimentación adecuada a los maestros para que mejoren su habilidad.



Con esto no estoy desacreditando las «capacitaciones» que se den. Estas pueden ser excelentes fuentes de ayuda y guía, especialmente si se dan mientras la persona está trabajando en la labor de enseñanza. Junto con ellas debemos trabajar «al lado de» un maestro de excelencia y experiencia, pues así se aprende mejor.



La «teoría» no debe estar separada de la «práctica» ya que enseñar es eminentemente «práctico». Aprender cómo enseñar a otros no es equivalente a conocer fórmulas y métodos. Tampoco el enseñar es algo «genérico» que se aprende de una vez por todas para aplicar en cualquier situación de enseñanza y con cualquier grupo de alumnos.



El enseñar se aprende mejor si enseñamos y luego reflexionamos acerca de lo que hicimos. Esta reflexión debe ser parte de la labor educativa y debe realizarse tanto con nuestros colegas de enseñanza como con personas que posean más experiencia en la enseñanza y que nos puedan ayudar, tal como lo hace un entrenador con su equipo.



Es importante recordar que enseñar es algo complejo y no hay que tomar livianamente este llamado. Por otro lado, no hay que desanimarse en el proceso de aprender a ser buenos maestros.



4. Dicen que si quiero ser un buen maestro siempre debo conocer todo el contenido que enseño.



Es obvio que como maestros debemos anhelar conocer bien el contenido que enseñamos a nuestros alumnos. Los buenos maestros son individuos que leen y disfrutan de aprender continuamente, ampliando así sus intereses y sus destrezas.



El mito consiste en creer que se debe conocer «todo» el contenido puesto que este es infinito. Lo más importante es que nuestros alumnos nos vean como buenos «aprendices» . Esto los retará a tener disposición para aprender.



El buen maestro demuestra valor y curiosidad, cualidades importantes para incursionar en la aventura del aprendizaje. El querer aprender junto con nuestros alumnos es un acercamiento poderoso y puede traer resultados muy positivos.



5. Dicen que si quiero ser un buen maestro debo seguir el manual (guía curricular) al pie de la letra.



Los materiales impresos que se utilizan en algunas iglesias y escuelas están formulados para ser guías y ayudas para el maestro, no para amarrar o limitar al educador. Es vital que como maestros conozcamos personal y profundamente a los individuos de nuestro grupo, ya que así, sabremos qué actividades o metodologías son apropiadas para ellos. Es vital que sepamos hacia dónde queremos guiar al grupo, usando el manual del maestro como un elemento más que haga avanzar al grupo hacia esa meta.



6. Dicen que si quiero ser un buen maestro debo tener mucho carisma y habilidades verbales.



Algunos maestros poseen estas características, sin embargo, no son esenciales para ser un buen maestro. Los actores principales deben ser los alumnos, no el maestro. Gran parte del trabajo del maestro se realiza calladamente, detrás de las escenas y solamente se ve reflejado en el trabajo de los alumnos. Recordemos que enseñar no es lo mismo que «hablar» o «impartir conocimiento» . Enseñar va mucho más allá, tocando actitudes y sentimientos e impulsando a las personas a tomar decisiones que llevan a cambios en su diario vivir.




7. Dicen que si quiero ser un buen maestro debo tratar por igual a todos mis alumnos.



Es vital que un maestro muestre cualidades de justicia, cuidado y respeto hacia todos sus alumnos. Sin embargo, no es posible tratar igual a cada individuo puesto que las necesidades de cada uno son muy diferentes. Quizá un alumno recién perdió a un ser querido, otro ha sido maltratado y lleva dentro una ira muy fuerte, otro está luchando con dificultades al aprender una destreza específica, etc. El buen maestro divide su esfuerzo entre sus alumnos y al hacerlo, proyecta una imagen de cuidado y bienestar a todo el grupo.



8. Dicen que ser un buen maestro es imposible porque los alumnos de hoy son más difíciles que los de tiempos pasados.


El buen maestro comprende que cada alumno llega al grupo procedente de una familia que tiene fortalezas y debilidades. Las circunstancias vividas afectan su comportamiento y su habilidad para aprender. No obstante, el buen maestro no construye un «ideal» de alumno, sino que acepta a los suyos tal y como son, asumiendo el reto de ayudarlos a aprender, partiendo de quiénes son y dónde están.


¡Todo esto es un reto muy grande y sólo si dependemos del Señor lo lograremos!


Ideas basicas de este artículo.


√ Los maestros son catalogados según varios mitos que se manejan, explícita o implícitamente. Estos con frecuencia causan una gran frustración al maestro.


√ Conocer los mitos y analizarlos nos ayudará a tener una visión más fiel de lo que realmente es ser un maestro.


Preguntas para pensar y dialogar



  1. ¿Cuáles son los mitos entorno a los maestros que se mencionan en el artículo?

  2. ¿Cuáles de ellos conocía?

  3. ¿Con cuáles me identificaba?

  4. ¿Qué sentimiento me produjo la lectura?

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