header parallax image
Devocional del día, Devocional diario, Biblia, Predicaciones, Bosquejos, Artículos, Consejeria, Versiculo diario - Desarrollo Cristiano Internacional
  • Inicio
  • Identidad
  • Valores del reino
  • Relaciones
  • Espiritualidad
  • Artes pastorales
  • Héroes de la fe
  • Inicio
  • Identidad
  • Valores del reino
  • Relaciones
  • Espiritualidad
  • Artes pastorales
  • Héroes de la fe
Evangelización

Orando por sus Hijos

15 julio, 20136557 visitas

Durante una revolución en cierto país conocí a una viuda que resultó ser una verdadera guerrera de oración. Cada día lunes se levantaba a las cuatro de la mañana para orar de rodillas durante varias horas por todas las personas que conocía que necesitaban al Señor. Mientras oraba, esta viuda siempre hacía énfasis en un nombre: Carlos, su hijo. Antes de que los revolucionarios finalmente derribaran al gobierno, Carlos estaba activo ayudando a fomentar la revolución. Varias veces la guardia nacional estuvo a punto de tirarlo a la cárcel –o algo peor.

En una oportunidad los militares arrinconaron a Carlos y sus camaradas en los cerros. Varios fueron abatidos a muerte, pero cuando un soldado de la guardia apuntó con su arma a Carlos, ésta se trabó repentinamente.

“Yo supe en ese momento que el Señor me estaba buscando”, dijo.

En ese tiempo Carlos no quería a Dios en su vida. Él planeaba lograr un “hombre nuevo” por medio del Marxismo. Pero mientras me conducía por la ciudad capital, Carlos hablaba de cómo el Señor lo había salvado milagrosamente y lo había llamado a ser pastor.

Detrás de esa historia había una mujer de rodillas orando fervorosamente por su hijo perdido.

En nuestras iglesias hablamos siempre acerca de “orar por los perdidos”; pero ¿cómo se hace bíblicamente para doblar las rodillas y orar por nuestros vecinos, amigos y seres queridos, es decir su oikos, que aún no conocen al Señor Jesucristo como hizo esta madre?

1. Pienso que se debe comenzar por conocer el corazón de Dios, lo más íntimo de su ser, que añora comunión con la humanidad.

Jesús dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10). Él envió a Pablo en misión a los gentiles “para que abran sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hch. 26:18). El Soberano Señor le dijo a Ezequiel: “No quiero la muerte del impío, sino que se vuelva de su camino, y que viva” (Ez. 33:11). Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Ti. 2:4).

No conozco mejor manera para obtener pasión por los perdidos que pasar tiempo en la presencia de Dios, escuchando su corazón. El apóstol Pablo deseaba fervientemente “conocer a Cristo” (Fil. 3:10). Su misma e intensa pasión “de ganar a tantos como sea posible” para Cristo (1 Co. 9:19) es evidencia de que conocía el corazón de Dios.

2. También soy motivado a orar por los perdidos cuando considero su destino. Esos amables vecinos que viven en la misma manzana, cuyos hijos juegan con los suyos, se irán al infierno si no reciben el Evangelio de Jesucristo.

La descripción que nos da la Biblia acerca del infierno es espantosa:

  • El infierno es un lugar de dolor físico. Hablando acerca del hombre rico que estaba en el infierno, Jesús dice que estaba “en tormentos” (Lc. 16:23).
  • Habrá lloro en el infierno (Lc. 13:28).
  • En el infierno también habrá crujido de dientes. (Lc. 13:28). A mi entender esto se refiere a frustración e ira. En su furia, los asesinos de Esteban “crujían sus dientes” (Hch. 7:54).
  • El infierno es un lugar de oscuridad (Mt. 8:12). Esto es lo que más toca mi corazón, porque describe la ausencia de Dios. “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Jn. 1:5).
  • Finalmente, el infierno es para siempre (Mt. 25:46).

Estas dos verdades, el sincero amor de Dios por la humanidad y el eterno y terrible destino de aquellos que no conocen a Cristo, me mueven a arrodillarme; pero luego me pregunto cómo debo orar. La oración “Señor, haz que Carlos se vuelva a Ti” ¿es un modelo bíblico?

Llegué a la conclusión de que sí es parte del modelo bíblico. “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Ti. 2:1-4). Por supuesto, debemos orar por los que no son de Cristo.

Ore por ellos con compasión.

Pablo explica en Romanos 10:1, “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación”. Cuando Cristo se acercó a Jerusalén, lloró por la ciudad (Lc. 19:41).

Durante una conferencia misionera en que participé, se le pidió a un obrero nacional de Liberia que guiara la oración, pero lo único que pudo atinar a decir fueron las palabras “Oh Señor”, y luego comenzó a llorar por su país y los liberianos que no conocen al Señor. Por varios minutos sollozó sin pronunciar una palabra, y luego regresó a su asiento. Eso es orar con compasión.

Ore persistentemente.

Mateo 7:7 significa literalmente, “Pedid (y seguir pidiendo), y se os dará; buscad (y seguir buscando), y hallaréis; llamad (y seguir llamando), y se os abrirá”.

Ore específicamente.

La Asociación Evangelística Luis Palau utiliza una tarjeta de oración que denomina Operación Andrés. Les pedimos a los creyentes en Cristo que anoten a lo menos cinco nombres de su oikos en la tarjeta y prometan ante Dios orar por esas personas.

Estuve presente en una iglesia cuando una jovencita pidió la palabra. Explicó que había completado su tarjeta y comenzó a orar por los cinco amigos. Sin embargo, ninguno aceptó su invitación de asistir a la campaña.

“Estaba tan desanimada que decidí no ir yo misma. Pero finalmente fui sola y me senté atrás. Miré hacia mi izquierda y vi a dos de mis amigas. Luego, antes de que terminase la reunión, habían venido las otras tres, y esta noche deseo presentar a dos de ellas que han recibido al Señor como Salvador”.

ORAR POR EL MENSAJERO

Orar por los que no son salvos es enteramente bíblico y cristiano, pero lo curioso es que no es el enfoque de oraciones evangelísticas del Nuevo Testamento. Al leer los evangelios y las epístolas veo que tanto Jesús como Pablo enfatizan oraciones a favor del mensajero, mientras que yo siempre oraba solamente por la persona que necesitaba oír el mensaje.

  1. “La mies es mucha, mas los obreros pocos” dice Jesús. “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:37-38). Cuando usted pide que el Señor mande obreros, ¿por quién está orando? En primer lugar, está orando por usted mismo y luego por su familia y por aquellos a quien conoce bien en su iglesia. Mi suegra era una mujer piadosa que pasaba horas en oración. Durante años le pidió al Señor de la mies que enviara obreros. El Señor le contestó enviando a su propia familia. Uno de sus hijos está trabajando con el Instituto Lingüístico de Verano y una hija misionera pasó 25 años en la India. Un nieto está produciendo películas cristianas y otro es misionero a los indígenas. Mi esposa Abigaíl y yo no nos enteramos hasta muy poco tiempo antes de que Mamá falleciera de que ella tenía una inquietud especial de oración por Méjico. ¿Es de sorprenderse que pasamos nuestra primera década de ministerio con el equipo de Luis Palau en Méjico?
  2. Ore específicamente que el Señor mande una persona para comunicar el evangelio a ese amigo o miembro de su familia que no es salvo, por quien está orando. Quizá nunca ha logrado “comunicarse” con esa persona o quizá viva a miles de kilómetros de ella. Ore para que Dios envíe a alguien a su vida, alguien que respete, que comparta los mismos intereses, que pueda comunicar el evangelio de una manera entendible. Mi esposa y yo habíamos estado orando durante años por un pariente. Comenzamos a orar para que Dios enviara a alguien que compartiera el Evangelio con él. Yo estaba predicando en una iglesia cerca de donde él vivía. Un hombre se dirigió hacia mí y me dijo, “Usted no me recuerda, ¿verdad? “Era cierto, habían pasado casi 30 años desde que habíamos ido juntos a la escuela secundaria. “Mi esposa y yo nos hemos convertido a Cristo recientemente”, dijo, “y ¿sabe quién vive a la vuelta de la esquina de nuestra casa?” Ese pariente. “Hace alrededor de cuatro semanas comenzamos a orar por él. Hemos invitado a su familia a nuestra casa y desearíamos guiarlos al Señor Jesucristo”.
  3. Cuando estaba en la cárcel el apóstol Pablo nos dijo cómo orar por mensajeros. Me he preguntado, “Si yo estuviera en la cárcel y tuviera la oportunidad de comunicarme con amigos cristianos, ¿por qué les pediría que oraran?” Quizá por gracia para poder sobrellevar la prisión, o por mi familia. Quizá lo más probable sería que ore: “Señor, sácame de aquí. Con Pablo no fue así. Él pidió oportunidades para testificar: “Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso” (Col. 4:3). Cuando estuve en el país que mencioné que sufrieron la revolución me llamó mucho la atención el hecho de que a pesar de la extrema escasez de necesidades básicas, los creyentes no me pedían que orara por más arroz y frijoles; me pidieron orar para que se les presentara la oportunidad de testificarle al presidente. Unos meses después de mi visita, eso sucedió.
  4. Pablo también pidió osadía. “Y orad por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar” (Ef. 6:19-20). Algunas veces nos sobreviene una buena dosis de “cobardía” después de haber orado y recibido la oportunidad de testificar. Durante un seminario en nuestra iglesia sobre evangelismo amistoso le pedimos a los participantes en un cuestionario, cuáles eran sus impedimentos más comunes para ser un “testigo fiel”. Vez tras vez leímos la misma respuesta: El temor; temor a ofender, temor al rechazo. La Biblia afirma: “El perfecto amor echa fuera el temor” (1 Jn. 4:18). Si el amor de Dios por la humanidad nos constriñe (2 Co. 5:14), vamos a poder proclamar el evangelio con valentía.
  5. Pablo también pidió por el mensaje: “Que al abrir mi boca me sea dada palabra” (Ef. 6:19). El mensaje es “el misterio de Cristo” (Col. 4:3). Debido a que hablamos sobre Jesucristo, no sobre nosotros, Él nos dará las palabras. Durante una campaña con Luis Palau, un señor vino a nuestro centro de consultas pidiendo ayuda. Resultó ser un hombre odiado por el pueblo. Se le había dado la autoridad de reformar las áreas que no producían ganancia en las compañías estatales por lo tanto era responsable de que cientos de personas perdieran sus empleos. Conversamos sobre el evangelio, y varias veces le pregunté si deseaba recibir a Cristo. Él decía que no, no quería. “Qué es lo que le impide hacerlo?” le pregunté. “No lo sé” respondió. Por lo tanto le pedí al Señor que me guiara y con Biblia en mano contesté una serie de preguntas que supuse un hombre de su posición se haría. Al día siguiente, su esposa vino a verme con lágrimas en el rostro. “¿Sabe qué pasó anoche?” dijo. “Mi esposo cayó de rodillas y recibió a Jesucristo como su Salvador, y yo deseo agradecerle a usted por contestar a todas sus preguntas”. “Él no me hizo ninguna pregunta” le contesté. Pero ella dijo que yo había contestado todas las preguntas que él hacía en su hogar. El Señor me dio las palabras.
  6. Pablo también pidió claridad “para que lo manifieste como debo hablar” (Col. 4:4). Ore por claridad. Hace algunos años yo me encontraba en la plaza central de una ciudad y escuché a un hombre predicar el evangelio. Era una buena presentación, pero no era clara; el evangelio estaba presentado de tal manera que no se podría comprender a menos que se tuvieran tres años de seminario. Ore que al entregar el mensaje pueda hablar con claridad.
  7. Finalmente, creo que este tipo de oración evangelística –por los que no son salvos y por el mensajero– es efectiva para derribar fortalezas. La Biblia dice, “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co. 10:3-5).

La fortaleza puede ser apatía o racionalismo, materialismo o falsa religión, “espíritus engañadores y doctrinas de demonios” (1 Ti. 4:1). Sea lo que fuere, la oración evangelística según el modelo de las Escrituras, derriba fortalezas y abre los corazones al Salvador Jesucristo. AP

Apuntes Pastorales Volumen XIV – número 2. Todos los derechos reservados

  • tweet
anterior

La sumisión comienza en casa

siguiente

«¡Ni con doscientos denarios!»

Relacionados

Las semillas del evangelio (segunda parte)

28 junio, 2013

¿Quién soy?

21 junio, 2013

Las semillas del evangelio (Primera parte)

14 junio, 2013

Devocional de hoy

  • La lucha del que sirve
    Nuestro distintivo de lideres con llamamiento celestial es nuestra preocupación por las personas.

lo más leido

El día de Pentecostés y la venida del Espíritu Santo: el nacimiento de la Iglesia, Parte I

El día de Pentecostés y la venida del Espíritu San...

publicado el 15 julio, 2005
Uno más uno: La pareja según el diseño de Dios

Uno más uno: La pareja según el diseño de Dios

publicado el 15 julio, 2005
¡Huye! No seas esclavo de la lascivia

¡Huye! No seas esclavo de la lascivia

publicado el 15 julio, 2010
Consejos para la intimidad matrimonial

Consejos para la intimidad matrimonial

publicado el 15 julio, 2010
El adolescente y su proyecto de vida

El adolescente y su proyecto de vida

publicado el 28 septiembre, 2009

videos mas vistos

Levanta tu cabeza

Levanta tu cabeza

publicado el 13 enero, 2017
Mujer Virtuosa

Mujer Virtuosa

publicado el 13 enero, 2017
Ser santos

Ser santos

publicado el 13 enero, 2017
Prioridades

Prioridades

publicado el 13 enero, 2017
Nuevo año, parte I

Nuevo año, parte I

publicado el 13 enero, 2017

Categorías

Ese hombre es como un árbol
plantado junto a los arroyos:
llegado el momento da su fruto,
y sus hojas no se marchitan.
Salmo 1:3 RVC