No es la cantidad de recursos sino su sabia administración la que nos permitirá vivir con tranquilidad. En el ejemplo vivido por otras personas a nuestro alrededor podemos comprobar que es posible lograrlo.
La predicación es un acto de Dios, totalmente imposible para un ser humano. El predicador no tiene ningún control sobre la acción de Dios, ni puede garantizar que Dios hablará por medio de su exposición.
La problemática del maltrato y abuso infantil en la sociedad actual requiere que se le atienda de una manera inmediata, urgente, integral y sabia. El abuso afecta áreas muy profundas en todo el ser de la criatura. La iglesia debe tomar parte activa en la prevención y erradicación de esta «epidemia moral»...
Periódicamente necesitamos que se nos vuelva a recordar cuál es la esencia de nuestro llamado. Aunque no podemos olvidar que el pueblo está compuesto de individuos, es necesario protegerse de los peligros que entraña un culto personal y solitario a Dios. Hoy resulta vital identificarse con la Iglesia.
Es necesario que tengamos un modelo que pueda servimos en estos tiempos en que, hechizados por las propuestas de liderazgo, hemos sucumbido ante un lenguaje humanista que esconde una despreocupación real por los seres humanos, centrado principalmente en los resultados.
Si un joven rinde su voluntad desafiante a sus padres desde temprano en la vida, será más fácil que acepte libremente el señorío de Jesús al momento de la conversión y que entregue al control del Maestro todas y cada una de las áreas de su vida...




