El diálogo con las generaciones bajo nuestro cuidado nos permite redescubrir y entender de mejor forma los contenidos mismos de nuestra esperanza.
La cultura de adoración cristiana en el mundo occidental provoca en nosotros una preocupación excesiva por el aspecto musical. Prestamos demasiada atención a los últimos sonidos, compositores y canciones. Pero, ¿será acaso que nos dejamos impresionar de tal manera por la envoltura que perdemos de vista el regalo de la adoración?...
Enfrentamos una crisis de insensatez en el púlpito evangélico actualmente, sobre todo en los medios de comunicación masiva.
Todos somos bien limitados y condicionados por los propios ojos, dependientes unos de otros. Es intercambiando experiencias, en un diálogo franco y humilde, que nos ayudamos a observar mejor las cosas que vemos, y a romper las barreras que nos separan sin razón.
Es fácil caer en una actitud de resignación y creer que somos lo que somos sin mucha consideracion. Nuestro llamado, sin embargo, es a estirarnos, una y otra vez, hacia la vida plena y completa que Dios promete a los suyos...
Si podemos desarrollar en nuestras vidas la disciplina de «practicar la presencia de Jesús» en cada cosa que hacemos, las otras tareas se nos hacen más fáciles y se va ordenando nuestro enredo...




