El refran «El maestro no ha terminado de enseñar hasta que el estudiante haya aprendido», nos insta a realizar lo que sea necesario para desafiar a las personas a entender la Palabra de Dios y a cambiar sus actitudes para así someterse a ella...
No importa donde o como celebremos la Navidad, recordemos que hace más de dos mil años Jesucristo «se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos» (Filipenses 2.7, NVI) y reconozcamos que él debe reinar en nuestros corazones los 364 días restantes...
No es de sorprenderse que los dos reyes se enfrentaran. Ambos poseían un inmenso poder pero la forma cómo decidieron usarlo reveló cuán diferentes eran sus corazones. Uno era un tirano, el otro un siervo. Uno consumido por los intereses personales, el otro enfocado en agradar a su Padre y servir a los demás...
El acontecimiento más grande y más importante de la historia de la humanidad, el nacimiento del Hijo de Dios, ocurrió y pasó desapercibido por muchos que se encontraban muy cerca del lugar de los hechos. Pero... ¿por qué?
La expresión «otra espiritualidad» sugiere la pregunta: «¿otra en relación a qué?» ¿Significa que una espiritualidad está siendo abandonada para que en su lugar aparezca «otra»? La «espiritualidad evangélica» está cada vez más distante de lo que puede considerarse una «espiritualidad cristiana».
La manera como Dios se relaciona en el cielo es diferente a la manera como se relaciona en la tierra. Esto queda aún más claro cuando comprendemos los criterios según los cuales Dios escogió relacionarse con sus hijos, conforme Jesús enseña en la «Parábola de los hijos perdidos».




