Pasaje: Marcos 1.8, 3438
Es común escuchar a hermanos decir: «La tengo», pero si les pregunto: «¿qué es lo que tienen?», la respuesta a es: «tengo la bendición», o «la sanidad», y en ocasiones: «recibí la unción». Mi llamado es que tengamos presente que no es la bendición, ni la sanidad, ni la unción; no es aquello que deseamos, sino algo mucho mejor. Es Cristo, es El mismo.
¿Qué clase de maestro eres? Tal vez, ante una pregunta semejante, comienzas a pensar en si eres bueno o malo, dedicado o improvisado, paciente o ansioso.
Cuando te mudas, además del desgaste físico propio de ese esfuerzo (aprontar cosas, empacarlas, cargarlas, acomodarlas, limpiarlas, etc.), emocionalmente tu familia está amenazada por la pérdida de viejas amistades, colegios, parientes y otros factores. Además, debes inmediatamente buscar nuevos profesionales médico, dentista, profesor de piano, una nueva tienda, almacén o mercado y todo lo necesario para que la familia tenga sus necesidades primarias satisfechas. Mientras tan" lo, tu esposo está aprendiendo dónde están las estructuras de poder y las tradiciones de la nueva congregación, lo que no es nada sencillo.
Conozco a un pastor que está al otro lado de la ciudad. Su iglesia no crece, y él me envidia por eso. Lo sé porque me lo dijo.Conozco bien a este hombre, y diría que es más piadoso que yo. Ora más, estudia más, predica con más entusiasmo. Visita más, aconseja más y hasta hace más llamados evangelísticos. Sin embargo, en nuestra iglesia ganamos tres veces más gente que en la suya. A mí me invitan a hablar en otras iglesias y disfruto del mayor reconocimiento que se puede dar en las iglesias en estos tiempos: «El pastorea una iglesia que crece».
Cuando hablamos del ministerio juvenil efectivo no me refiero a tener un grupo multitudinario ni exclusivamente a un tipo de crecimiento numérico. Los números pueden ser un elemento de evaluación importante pero no son "el" núcleo del ministerio juvenil efectivo.




