La obediencia o la desobediencia a las órdenes divinas producen efectos decisivos, ya sea para bien o para mal. El autor recomienda trabajar en cinco factores para desarrollar un espíritu obediente en el siervo del Señor.
Hace veinticinco años, en 1977, cuando sentí que el Espíritu me impulsaba a escribir el libro Principios y alternativas de trabajo pastoral, dediqué un capítulo al importante aspecto de la consejería pastoral. Para que tuviera una base más sólida que la de mi experiencia pastoral de veintitrés años, en ese tiempo realicé una encuesta entre pastores de varios países latinoamericanos. Los datos coincidieron unos con otros, e incluso con lo que yo había observado en mi labor pastoral.
La mayoría de nosotros nos involucramos en el ministerio pastoral porque sentimos pasión por la obra de nuestro Padre. Por eso nos capacitamos en exégesis, hermenéutica, teología sistemática, dirección espiritual, y consejería para compartir las hermosas verdades del Reino. Sin embargo, olvidamos que ser pastor significa también que debemos ser buenos líderes...
Eduardo entró a mi oficina llorando desconsoladamente por su gravísimo estado de salud. Me rodeó con sus brazos y, ahogado en sollozos, me dijo: «Pastor, vaya planeando mi funeral, voy a morir, creo que tengo SIDA». Esta era la tercera crisis en una semana.
Quiero hacer hincapié en el peligro de la vocación espiritual. Me temo que este artículo va a sonar como malas noticias, pero creo que podemos traer sanidad para nuestra vocación si conocemos los principados y potestades que pueden venir a distraernos de nuestro llamamiento.
Romanos 12.921




