El amor, es decir, la capacidad que una persona tiene de dar y recibir amor se desarrolla recibiendo y dando amor desde su nacimiento e infancia. De todas las facultades que Dios ha puesto en nosotros la más maravillosa es el amor. «Dios es amor», dicen las Escrituras (1 Jn 4.8). El amor es, por así decirlo, la materia prima de la que Dios está hecho.
Fidelidad, mansedumbre y templanza conforman el último artículo de la serie El fruto del Espíritu Santo. ¿Son estos frutos visibles en su vida? ¿Sabe diferenciarlos? El Espíritu Santo desea producir fruto en nosotros, entonces, ¿para qué esperar más? Empecemos hoy a vivir una vida marcada por el Espíritu.
Si le preguntaran a su familia, amigos, compañeros de trabajo y hermanos de su congregación sobre usted, ¿sus respuestas expresarían que los frutos del Espíritu Santo son una realidad visible y constante en su vida? En esta segunda parte meditamos sobre la paciencia, la benignidad y la bondad, y la diferencia entre estas.
Lo primordial que obra el Espíritu en nosotros no es lo que hacemos sino lo que somos. El Espíritu imprime el carácter de Cristo en nuestra alma y ese carácter se revelará al exterior. El siguiente artículo trata los tres primeros frutos del Espíritu citados en el capítulo 5 de Gálatas. ¿Están estos reflejados en su diario vivir?
Descubra el interesante mensaje que se encuentra en las palabras del ángel y en la actitud de Pedro. Una liberación que va más allá de la incómoda situación física en la que se encontraba Pedro y que lo hace reflexionar acerca de su actitud como un verdadero hijo de Dios.
En muchas de nuestras iglesias, no se predica acerca de la caridad o la generosidad hacia el pobre y necesitado. Y en otras cuando sí se predica, solo se queda en palabras y no en hechos. El siguiente artículo nos hace reflexionar acerca de lo bello que es ser misericordioso y ser un instrumento de bendición para una persona necesitada.




