Nuestra búsqueda de avivamiento debe estar siempre basada en la oración, ya que en ella reconocemos a Dios no solamente como la fuente de avivamiento sino también como Dios soberano; Él es quien está en los cielos y procede como quiere (Sal. 115:3). Un avivamiento no es algo que lo puedan producir ni la voluntad ni las manos humanas; es algo que solamente Dios puede proveer de acuerdo a su propia buena voluntad.
Hasta el día de hoy, me intriga cierto concepto que leí años atrás. Este describe varios círculos de intimidad creciente entre los Jesús y sus discípulos: de entre los muchos seguidores, Jesús eligió a setenta para anunciar su reino; después escogió a los doce; de los doce, tres conformaban un círculo...
En los cursos de exégesis u homilética no se ha enfatizado suficientemente la importancia de discernir y predicar de acuerdo con el propósito del Espíritu Santo. Sin embargo, no hay nada tan fundamental como eso, si deseamos predicar con solidez.
Cuando se aborda el tema de la predicación expositiva, éste no deja de ser intimidante, porque ¿quién puede abordar esta cuestión pensando que es un buen predicador o un excelente expositor bíblico? Nos lanzamos a esta aventura con mucha humildad de corazón, pensando que tenemos mucho que aprender y que este artículo es sólo el comienzo.
«Me gustaría poder predicar mensajes expositivos. ¿Qué sugiere que haga?» Esas fueron las palabras de un pastor luego de una conferencia bíblica en su iglesia. Él refleja el sentir de muchos, pero el sendero del deseo a la realidad no es breve ni fácil.
Aquellos que están en el ministerio enfrentan dos tentaciones en relación a las posesiones materiales: la austeridad y la intemperancia. He aquí un resumen del Libro III, Capítulo 10 de La Institución de la Religión Cristiana del Reformador Juan Calvino (1509-1564).




