Haciendo uso de estos principios como timón podremos conducir a nuestros movimientos a gustar en forma de aperitivo la maravilla de la utopía del Reino, y a encender en nuestros hermanos y hermanas, dondequiera que se encuentren, el entusiasmo misionero de reproducir minúsculos testimonios de un anticipado proyecto que ya vivieron.
Todos somos ovejas. Pidamos al Espíritu Santo que nos dé gracia para apacentar a todo el rebaño con la totalidad de nuestra vida y la totalidad de la Palabra; que nos ayude a tener presente que nosotros también somos ovejas y necesitamos ser pastoreados por otros.
Cada conjunto de seres humanos del mundo requiere una atención específica en su búsqueda de los grandes valores de la fe cristiana, es por ello que los ciegos y discapacitados del sentido de la vista son acreedores también de una atención definida a sus necesidades espirituales.
La vocación y el carácter son importantes, pero no son suficientes para asegurar la eficacia en el ministerio.
Hace poco un joven pidió consejos para un problema que no podía vencer. Decía: «Ya no puedo más. La tentación es demasiado fuerte. Pareciera que no hay victoria para mí; sólo derrota continua. Debe de ser el demonio». En este artículo mi propósito es explicar uno de los principios bíblicos para ayudar a este joven y a otros miles que piensan que no pueden vencer la tentación.
A veces creemos que los conflictos entre creyentes se solucionan cuando hay un vencedor y un perdedor. Muchas veces estas personas creen que están resolviendo un conflicto; no obstante, en muchas ocasiones, el problema continúa y hasta se puede generar uno nuevo.




